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Libro revela la relación de Manuel Rojas con el cine y la televisión

“Manuel Rojas, narrativa de la imagen”, de Jorge Guerra C., aborda los diversos roles del escritor con el género audiovisual, desde espectador y crítico de cine, hasta libretista, panelista y hasta actor. Asimismo, descubre los vínculos de la literatura de Rojas con el lenguaje cinematográfico y repasa las adaptaciones a la pantalla realizadas sobre algunas de sus obras. “Él veía el cine como un arte esencialmente innovador, rupturista y un campo apto para la experimentación”, señala el autor.

En la Feria Iberoamericana de Sevilla de 1929, Chile incluyó una película realizada especialmente para esa ocasión por el multifacético Jorge Délano, “Coke”. El filme se titulaba “La calle del ensueño” y logró una entusiasta acogida en el medio local y una generosa opinión de la crítica de esos años. En la cinta aparecía el escritor Manuel Rojas interpretando a un arriero cordillerano. Por esos años Rojas comenzaba a forjarse un nombre en la literatura chilena, habiendo publicado ya una colección de poemas y otra de cuentos.

Este sería uno de los momentos en que Rojas se vincularía en forma activa con el cine, que por entonces era solo un incipiente medio de expresión. Ya en su infancia se había iniciado como un precoz espectador y su interés se mantendría e iría en aumento durante toda su vida. Incluso llegaría a ubicarse detrás de las cámaras filmando imágenes que están contenidas en una película que aún no ha sido revelada.

Esos puntos de contacto del escritor con el mundo audiovisual son los que incluye “Manuel Rojas, narrativa de la imagen. Su vínculo con el cine y la televisión”, de Jorge Guerra C., investigador, escritor y arquitecto quien fuera artífice, hace diez años, de la creación de la Fundación Manuel Rojas.

El libro, que se suma a la colección Expedientes de editorial Narrativa Punto Aparte, recoge la casi desconocida relación de Manuel Rojas con el cine y, a partir de los años ’60, también con la televisión. De esta forma, se registran sus primeros y juveniles contactos con el cine, su rol como crítico en revista Ecran, sus gustos personales como espectador y su participación como actor y guionista para documentales. También se abordan las claves y códigos cinematográficos inmersos en parte de la narrativa rojiana, especialmente en su novela “Hijo de ladrón”, que Rojas intentó llevar al formato cinematográfico sin éxito, acompañado por el escritor Augusto Roa Bastos en el guion.

Asimismo, esta investigación aborda los contactos de Rojas y su obra con la televisión, desde su temprana aparición en la primera transmisión del Canal 9 de la Universidad de Chile, pasando por su rol de guionista en la serie “El Guaripola”, sus trabajos en la TV mexicana y su rol como “fiscal” en el programa “Jurado literario”, junto a Enrique Lafourcade, donde se “enjuiciaban” obras literarias. También repasa las diversas adaptaciones de sus relatos al formato televisivo.

“Manuel Rojas, narrativa de la imagen”, será presentado el próximo 13 de abril, a las 18.00 horas, en la biblioteca del Centro Cultural GAM, con la participación del investigador y académico Luis Valenzuela y la Doctora en Literatura PUC, Pía Gutiérrez; y el 21 de abril, en el mismo horario, en el Parque Cultural de Valparaíso, donde estarán el cineasta Pablo Vial y María José Barros, Doctora en Literatura PUC.

“ÉL VEÍA EL CINE COMO UN CAMPO APTO PARA LA EXPERIMENTACIÓN”

Jorge Guerra C., vasto conocedor de la vida y obra de Manuel Rojas, destaca que esta investigación viene a echar luces sobre una faceta poca conocida del autor chileno.

-¿Qué te motivó a realizar esta investigación y publicar el libro?

Jorge Guerra C.

-Hace ya tiempo estoy interesado en investigar y estudiar las otras facetas que desarrolló un inquieto Manuel Rojas y su interés por el cine fue algo que surgió primero sin tener total seguridad de que era un tema de real importancia para él.  Sabía de algunos artículos sobre cine que había publicado a fines de los años ‘30, un par de guiones y nada más. Sin embargo, a medida que fui entrando en el tema y conversando con Julianne Clark, su última mujer que vive en EEUU, se confirmó la importancia que le daba Rojas a este arte y en el que quiso incursionar de una u otra manera. De las muchas inquietudes que tuvo en su vida como la filosofía, la sicología, estudio de las aves, astronomía, paleontología, etc., para el cine primero y, luego para la televisión, no solo fue un mero espectador sino un participante activo en esos medios. Desgraciadamente su muerte, a principios de 1973, no le permitió insistir y explorar mejor. Sin duda sus años vinculado al teatro como apuntador en varias compañías —una experiencia aún no estudiada con detalle— le despertaron su interés por las expresiones escénicas y el cine primero y luego la televisión por distintas motivaciones no le fueron indiferentes.

-¿Cuáles eran los principales atributos del cine que atraían a Manuel Rojas como escritor?

-Él veía el cine como un arte esencialmente innovador, rupturista y un campo apto para la experimentación. Por eso destacaba aquellas producciones que se alejaban de la literatura y no gustaba de las adaptaciones al cine de obras clásicas e incluso de obras teatrales. Es sabido que Rojas siempre buscó en su narrativa una forma distinta de contar, de ahí el impacto que logra su novela “Hijo de ladrón” al proponer formas narrativas desconocidas hasta ese momento en el medio nacional y latinoamericano, además de los tipos humanos y ambientes que formaban parte de la historia en forma real y vívida. Como él mismo dice, el cine debía lograr autonomía de las demás expresiones, crear sus propias herramientas y recursos apoyándose en los avances tecnológicos para llegar a convertirse en un arte mayor. En el libro menciono algunas producciones de su preferencia, filmes de los 60, como “Blow Up” (Antonioni), “Julieta de los espíritus” (Fellini), “El séptimo sello” (Bergman), entre otros, y un corto de humor absurdo y satírico casi desconocido, “The running, jumping and standing still film” (1959), de un joven Richard Lester, que se haría famoso luego por dirigir a Los Beatles, y protagonizado por un también principiante Peter Sellers. Creo que su estadía en Estados Unidos fue decisiva en eso, Chile era un país muy aislado y ajeno a esa cartelera. Era lo que llamamos cine de culto, de autor o cine arte, aquel que se ubica en la otra vereda del cine comercial. Ese arte cinematográfico era el que disfrutaba Rojas.

-En diversos puntos del libro, se recalca el aspecto cinematográfico que tenía, en especial, la obra “Hijo de ladrón”, de Manuel Rojas, ¿en qué se revela esa característica de su obra?

Cámaras de Manuel Rojas sobre su escritorio.

-Hay varios puntos de contacto de esa novela con el cine. El primero y más importante es la estructura de la narración que es perfectamente asimilable al montaje cinematográfico. La alteración del orden cronológico de la historia, colocando primero hechos que suceden después de otros, es un recurso cinematográfico usado muchas veces, pero que en 1951, cuando se edita la novela, no era muy conocido. El primero en relevar este rasgo de la novela es Ricardo Selser, un crítico argentino, que escribió una reseña en 1954 y donde dice: “La narración recoge distintos relatos con la técnica del montaje cinematográfico”. Por eso Rojas destaca el film de Alain Resains “Hiroshima mon amour” (1959) como una obra que obliga al espectador a poner una atención especial en el relato, no apto para una “mente perezosa”, como él dice. Los saltos temporales que desestructuran la línea narrativa del film se conectan con su novela sin lugar a dudas. Otras conexiones son como la condición errante y vagabunda del protagonista Aniceto Hevia, permite la dinamización de las acciones, el continuo movimiento que es narrado como si una cámara en “travelling”, montada sobre rieles, nos develara lugares y hechos. Luego el “encuadre” de la mirada del mismo Aniceto —no olvidemos que el relato es en primera persona— no permite la posibilidad de anticipar lo que va a suceder y así la experiencia del lector es la misma y simultánea a la que va teniendo Aniceto.

-La adaptación de “Hijo de ladrón” permanece como un proyecto inconcluso. ¿Crees que esa novela debería ser finalmente adaptada a cine, como pretendió el mismo Manuel Rojas?

-Esta pregunta encierra una contradicción si consideramos la opinión de Rojas sobre las adaptaciones de obras literarias al cine que mencioné recién. Sin embargo, no fueron pocas las gestiones que hizo el propio autor por “cinematografiar” su novela que, como se ha dicho, tiene atributos suficientes para hacerlo. En 1960, durante su permanencia en Buenos Aires por unos pocos meses, participó, con Lautaro Murúa, actor chileno residente, y el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, que vivía el exilio en la capital argentina, en sacar adelante el proyecto fílmico. Se habló con productoras de allá y realizadores vanguardistas y conocidos como Joaquín Torre Nilsson, mostraron verdadero interés por concretar. Sin embargo, el costo, la situación política y económica del momento no lo permitió. En el libro presento y comento el pre-guion y escaleta que realizó Roa Bastos. El interés de Rojas era llegar a un público mucho más amplio y numeroso y también obtener dinero por los derechos, preocupación permanente a lo largo de su vida. Los intentos se fueron debilitando a pesar de que su amigo, el director Helvio Soto, también colaboró en el empeño. Personalmente creo que es una obra que debiera llevarse al formato de cine por la vigencia de su argumento y de los seres que lo sustentan. Pienso que una miniserie, tres o cuatro capítulos, podría ser lo apropiado también. Es un desafío muy grande, pero ahí está, abierto para audaces y talentosos realizadores.

-Así como el cine atrajo a Manuel Rojas, ¿cuál era su apreciación y relación con la televisión?

Una escena de «El vaso de leche», telefilme de TVN (1978).

-Manuel Rojas toma contacto con la televisión como mero espectador en los viajes que hace a Estados Unidos a fines de los 50. Es en México, donde permanece con Julianne casi un año, entre 1962 y 1963, donde incursiona decididamente como libretista televisivo adaptando obras clásicas y propias. Incluso apareció en pantalla en una serie de programas sobre Chile. Nuevamente la idea de difundir transversalmente su obra era su principal motivación y esa conciencia la tuvo cuando pudo constatar el alcance que tenía el medio televisivo. Esto ocurrió gracias al programa “Gente” que se emitía por la televisión argentina en horario estelar de los viernes. Rojas, junto a Helvio Soto, son invitados a un capítulo de dos horas y, al otro día, el escritor pudo darse cuenta cómo la gente lo reconocía en la calle, a él, que no era un personaje ni remotamente conocido por el público general.  Para él eso fue decisivo y, a pesar de los numerosos viajes que realiza en los ‘60, continuará trabajando como libretista y animador incluso en el programa “Jurado Literario”, que hizo junto a Enrique Lafourcade, donde se examinaba y “juzgaban” obras nacionales con la presencia de sus autores que eran los “acusados”. Ahí la vocación era ampliar la audiencia de la parrilla prográmatica de una televisión en pañales inyectándole más que mera entretención y, según, lo que digiera Lafourcade, se logró que la literatura fuera tema de conversación en algunos hogares santiaguinos. Esto ocurrió a fines de 1965 en el canal 9 de la U. de Chile.

-Existe material audiovisual relacionado con Manuel Rojas en México y Argentina, ¿qué pudiste averiguar sobre ese material? ¿Está disponible o ha aparecido?

Manuel Rojas era un gran aficionado al cine.

-En México la búsqueda se topó con el muro burocrático impenetrable de la actual Televisa, continuadora de Tele Sistema que era la empresa para la cual trabajó Rojas. A pesar de tener allá una encargada de esas pesquisas no hubo caso y no pudimos dar con el posible material que debiera existir en sus archivos. Incluso tomé contacto con Verónica Pimstein, que vive en Miami, hija del fallecido Valentín Pimstein, famosísimo productor y gran señor de las teleseries mexicanas. El fue quien ayudó generosamente a Rojas para que trabajara en la TV. Es un desafío que quedó pendiente. En Argentina el asunto no fue mucho más auspicioso. No pudimos dar con un cortometraje basado en el famoso cuento “El vaso de leche” realizado en 1956 y con un largometraje argentino – paraguayo que se realizó con un co-guion de Rojas. Se hicieron averiguaciones en la cinemateca de Asunción y solo tenían el registro, pero no la película. Sin embargo, conseguí el registro sonoro de aquel programa de la TV argentina que mencioné, conservado en el Archivo Histórico de la Radio y TV Argentina. Su animador y entrevistador tuvo la visión de grabar el sonido ya que el programa iba en directo y, por lo tanto, no había manera de guardarlo como ocurriría en los años 70 gracias al uso de la cinta de video. En el programa se le pregunta: “Don Manuel, ¿a usted le gusta el cine?”, a lo que Rojas responde tajantemente: “Mucho”, y explica. Ahora, si de búsquedas se trata, sería un hallazgo superior dar con “La calle del ensueño”, película insonora de Jorge Délano que fue galardonada en la Feria Internacional de Sevilla 1928-29. Ahí actúa Rojas caracterizado como arriero. Pienso que en la cinemateca de Sevilla podría conservarse una copia porque en Chile no existe nada. Por supuesto que la pandemia nos perjudicó mucho en la búsqueda. El contacto directo, presencial, siempre ayuda en este tipo de tareas, pero esta vez no se podía hacer.

-¿Cómo dialoga la literatura de Manuel Rojas (narrativa/poesía) con sus trabajos como libretista/guionista para cine y televisión? ¿Es posible identificar una influencia de su estilo literario en sus guiones? ¿Y en sentido contrario?

Manuel Rojas en un documental de la televisión alemana.

-Se dice que cuando un narrador de fuste, como lo era Manuel Rojas, incursiona en formatos audiovisuales tiende a favorecer los diálogos por sobre la acción. Creo que a Rojas, en parte, le pasa eso. En los guiones que le conocemos la construcción de los personajes se expresa más en lo que dicen que en lo que hacen. Hay un libreto para teatro de una obra inédita titulada “Muerte en Vietnam” —que podría ser un cortometraje—, que escribió Rojas a mediados de los ‘60 donde el drama se sustenta en los parlamentos de los protagonistas. Claro, se podrá decir que hay toda una filmografía que hace lo mismo, Bergman, sin ir más lejos, pero en el caso de Rojas creo que responde más a su forma de narrar, a la importancia que le asigna a la corriente interior del pensamiento, a la profundidad sicológica de sus personajes. Algo distinto es lo que pasa para sus trabajos para la TV. En los libretos para el programa “El Guaripola”, donde el tiempo restringido de ese medio lo obligaba a dinamizar la historia y las acciones deben desarrollarse en 20 o 30 minutos máximo. Creo que ese personaje, el organillero heredado por Rojas de Luis Alberto Heiremans, se asimiló muy bien a los personajes de los relatos de Rojas. Pienso en Pedro, el pequenero, Mister Jaiba o Cucho Vial e, incluso, tiene algo del vagabundo de las tortugas de “Hijo de ladrón”. En el guion y libreto que hizo para el documental “Un país llamado Chile” se nota el ritmo del relato rojiano, pausado, “andante” podríamos decir. Esto me lo hacía notar el cineasta Juan Forch.  Eespecto a la poesía, que Rojas desarrolló en sus inicios y luego en forma más distanciada, creo que no alcanza el relieve como para sacar conclusiones. Algunos autores han visto en su poema “Sueño” (1928) la inquietud del escritor por destacar el espacio y la vida urbana entrando al vértigo de la modernidad y que Rojas expresa en imágenes que podrían pertenecer al lenguaje cine; un verso dice: “Pero todo es de pronto como una fotografía movida y obscura”.  El sentido inverso, en la influencia del cine en su obra, es algo que hay que indagar. Es muy probable que en su novela “Punta de rieles”, que se sale del relato autobiográfico, la construcción en base al contrapunto de dos historias paralelas y simultáneas tenga que ver con un antecedente o influencia cinematográfica —Rojas, sin embargo, declara que su referente habría sido Faulkner y sus “Palmeras salvajes”— y además creo que ese recurso se usó con frecuencia posteriormente, pienso en “Pulp fiction” o en “Amores perros”.

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