“Matanzas”, un neopolicial inusitado

Por Eddie Morales Piña

La opera prima de Francisco Morales (Santiago, 1992) es perfecta. Generalmente, tal afirmación va al final de un comentario crítico acerca de una obra; en este caso, no me cabe otra que decirlo desde el comienzo. El autor ha escrito una novela que -en su brevedad- encapsula todos los elementos narrativos que hacen que el relato tenga aquello que muchos lectores le exijan a un texto: una calidad atrapante desde el principio. Quien se enfrente a “Matanzas” no le quepa la menor duda que no podrá dejar de leer la historia. Sigue leyendo

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“Matanzas”, de Francisco Morales: Un espacio en la narrativa del crimen

Por Raquel Villalobos Lara, Doctora en Letras.

MATANZAS_PORTADAEl perspectivismo cervantino nos demuestra que la realidad no es unívoca, sino que se va construyendo con los relatos, testimonios y hasta de las percepciones y sentimientos que cada uno de los testigos o involucrados van relatando del hecho en cuestión. La vida misma se va construyendo no en forma individual y aislada, sino en conjunto, combinando los relatos de todos los sujetos, con sus discursos cargados de su interioridad.

La pluma magistral del autor de Matanzas, nos demuestra cuán importante es la construcción del relato sin decirnos qué fue lo que ocurrió. Primero, el receptor se ve enfrentado a varios documentos que le hacen dudar si está en presencia de una relato novelesco o una crónica o un archivo judicial. En cualquier caso, la lectura se hace cada vez más interesante, logrando captar la atención del lector que, como si fuese una adicción, necesita saber más y más sobre lo sucedido. Los documentos del archivo judicial de San Antonio son los primeros textos al que se enfrenta el lector. Con un lenguaje en que es posible leer entre líneas, se abre el espacio íntimo de los personajes que prestan su testimonio. Sin embargo, la confusión se genera porque es un documento, a simple vista, propio de un tribunal. Sigue leyendo

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Un aterrizaje forzoso sobre las pistas del gran crimen social,

Por Carlos Reyes. Reseña sobre la novela “Desierto, de Daniel Plaza, publicada en Expreso Nova 11.08.2018

2018-06-01Se trata de un libro poco habitual, como me gustan. El autor da voz a cuatro personajes que narran sus propias peripecias: El policía, el hombre del locutorio, la mujer de los mensajes y el narcotraficante. 
Todas esas voces giran tangencialmente en torno a un opaco asesinato del que sabemos muy poco. Esas cuatro voces funcionan como fractales, como fragmentos de un todo mayor que es más importante que ellas mismas. Mientras esas voces, más informan de sí mismas, simultáneamente ocultan y opacan el relato primigenio, el de un asesinato cuya repugnancia apenas se atisba.
Desierto es una nouvelle que se sustenta sobre el detalle, tal y como una novela policial al uso, y aunque flirtea con el género en sus primeras páginas, rápidamente toma las medidas necesarias para despegarse completamente de los lugares comunes del policial para ir definitivamente en otra dirección.
Lo que a Plaza parece interesarle no es el enigma, ni siquiera su resolución, si no la precarización, el maltrato, la indolencia que padecen sus personajes, y logra dar cuenta de ello con gran economía, a lo largo de pequeñas situaciones, de frases al paso, dejadas caer como si nada, como migajas de pan en el camino, como las pistas de un policial heterodoxo.
El texto es un aterrizaje forzoso sobre las pistas del gran crimen social, de esa violencia cotidiana hecha de pequeños comentarios, de pobreza, inmigración, dolor, soledad e indiferencia. Y lo verdaderamente horrible no está en lo que esas voces nos cuentan, el horror está en lo que yace entre las palabras de esas cuatro voces, en lo que no dicen, en lo que insinúan, en el sustrato desde el que hablan, en sus silencios y omisiones.
Plaza es implacable en sus sutilezas, porque al voltear la última página nos ataca el mayor dolor de su lectura y es que es ahí donde nos damos cuenta finalmente que el maldito desierto de su ficción, ese infierno personal y colectivo somos nosotros, todos y cada uno de nosotros.

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La venta de humo como forma de vida

Por Juan Pablo Belair. Publicado en Ojo en Tinta, 02.08.2018

 

Se-vende-humo-777x437Ante mí, “Se vende humo” de Joaquín Escobar. Abro la primera página como quien abre una puerta. Allí dentro me encuentro a un intelectual organizando sus lecturas en una biblioteca que llamará: estilo propio. Al fondo, otra puerta, la abro, y veo a un hincha del fútbol con una camiseta patchwork de los clubes sudamericanos más importantes. Más adentro, en lo profundo, un niño busca en sus pares el significado de la amistad, y quizás va más allá, al sentido de la masculinidad en esos tiempos. Escondida, al final de todo, la última puerta. ¿Qué hay adentro? 12 puertas minúsculas por las que se entrevé una única historia, acaso la propia, pugnando contra sí misma, en un acto heroico de trascendencia desde los márgenes de todo para no quedarse en una venta de humo.

Esta última expresión, tan futbolera como trasandina (aunque suene redundante), describe al acto consciente de aparentar lo que no se es y ufanarse de aquello. Pero para quien observa y advierte el engaño –vender nada–, no solo el acto, la persona vende humo, pierde valor, y si es que lo tuvo. El narrador de estos fragmentos literarios, así (con algo de Levrero, algo de Casas, pero con mucho propio), se transforma en un centinela y libertario a la vez de la venta de humo como forma de vida, como sistema político, como clave de las relaciones humanas. Y lo hace con rabia, con escepticismo, con agudeza e ironía, pero también con candidez y desde una posición de ácrata poco comprometido que prefiere abrir puertas a mundos oníricos donde la realidad se difumine o en el peor de los casos se transforme en un mal sueño del cual despertar en su cama adolescente. Sigue leyendo

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Daniel Plaza, la escritura como poética espacial: arqueología de una opacidad

Por Juan Pablo Sutherland*. Texto de presentación de la novela “Desierto”, de Daniel Plaza, BiblioGAM, 19.07.2018

 

Preludio: lo que procede y sirve de entrada, preparación o principio de a una cosa. Lo que se toca o canta para ensayar la voz, probar los instrumentos o fijar el tono, antes de comenzar la ejecución de una obra musical. Composición musical de corto desarrollo y libertad de forma, generalmente destinada a proceder la ejecución de otras obras

LA RAE.

2018-06-01Daniel Plaza ha pensado la metáfora del desierto como señuelo, como título y como camino incierto y misterioso de un territorio donde nada es seguro, aridez afectiva como llave, incertidumbre como pliegue y juego espectral en las vidas de 4 voces que acompañan esta novela. Desde El corredor, su primer texto, por cierto, fundacional de su poética, Plaza ha corrido y ha vuelto sobre ese imaginario espacial. Desde El corredor como huella de su primera narrativa, donde lo espacial es fundamental como materialidad y como delirio de otro tiempo, o como cita de un posible imaginario, nos encontramos con Desierto, que actuaría como campo extendido donde las vidas precarias o nuda vida, o biografías en suspenso, construyen un diario colectivo, o de narrativas que configuran cierto modo de habitar el mundo.

El autor, entonces se ha valido de 4 voces que actúan como puntos de fuga o puntos ciegos en una historia que se piensa como un fractal, cada vida expuesta a un juego que supone las vidas como centros o periferias de los otros, algo así como vidas paralelas, donde el privilegio de mirarlas recae en los lectores como únicos autorizados para despejar la traición de cada una de las voces. Un juego polifónico bajtiniano donde no es posible pensar en una narrativa central como economía del acontecimiento. Un policía, un hombre del locutorio, la mujer de los mensajes, el narcotraficante, son los encargados de configurar el territorio que cita la aridez de la vida precaria, del oficio subalterno, incluso del policía como archivador de las huellas. Sigue leyendo

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