Por Ignacio Álvarez*. Texto de presentación del libro «Se vende humo», de Joaquín Escobar. Palacio Álamos, 31/03/2017
Quiero partir contándoles una especie de infidencia o un recuerdo. Estoy conversando con Joaquín en el patio de la Universidad Alberto Hurtado; tiene que haber sido el año 2012 o el 2011, no lo sé con exactitud. Sí recuerdo bien otra cosa: los estudiantes estaban preparando una toma o bien tenían tomada la universidad, y recuerdo también que ambos respirábamos profundamente la atmósfera de esperanza y de revuelta que nos trajo ese movimiento. Tengo que haber criticado las tomas como método o esa toma en particular, supongo. Joaquín me escuchó con una educación que solo ahora le puedo agradecer, y luego me contó lo siguiente. En la Universidad ARCIS, donde estudió sociología, su carrera de pregrado, hubo un tiempo en que los estudiantes, o algunos de los estudiantes, pensaron posible que Max Marambio, el famoso empresario que en otra vida fue GAP de Salvador Allende, financiara la gratuidad para todos los alumnos. “¿Me estás diciendo que había gente que creía de buena fe que una sola persona iba a pagarles la carrera a todos los alumnos de la universidad?”, le dije. “Sí, por supuesto”, me respondió, creo que sin sorpresa.
Sé lo que ese diálogo dice de mí, de mi escepticismo criado en los años noventa, de mi edad, en fin, hasta de mi amor por el orden. Lo interesante, sin embargo, es lo que dice de Joaquín. Me impresionó la tranquilidad con que vivía y explicaba como posible algo que a mí me sonaba muy parecido a la ficción, es decir, una fantasía. Admiro y sigo admirando su adhesión irrestricta a las varas más altas que pone la búsqueda de la justicia en Chile y en el mundo. Me sorprende la naturalidad con la que se mueve en los registros de más alta intensidad política y social. De allí proviene la moraleja de esta historia: si hay algo que caracteriza a Se vende humo es ese rasgo de su autor: está escrito desde una tranquila intensidad. En el libro la vida es intensa y para contarla se nos propone un registro que usa, sin arrugarse, el alto voltaje y la alta frecuencia. Sigue leyendo
, de Joaquín Escobar (Narrativa Punto Aparte, 2017), es un conjunto de once relatos que van de menos a más. No porque la calidad de sus cuentos sea asimétrica, sino más bien porque a medida que avanzamos en el libro es como si pudiéramos asistir a la evolución de las destrezas literarias de su autor. Eso hace que esta obra se lea de un tirón. El realismo cotidiano se intercala con pasajes delirantes e incluso surrealistas, escritos con una prosa urgente que recuerda las novelas de César Aira o los capítulos de Los Simpson, en donde la velocidad nos conduce por diferentes escenas que en ocasiones parecieran no conectarse entre sí.
Un profesor obsesionado con robar libros a sus ocasionales amantes divaga sobre filosofía y fútbol frente a sus apáticos alumnos. Un par de ladrones de camisetas urde un retorcido plan para quedarse con la polera que Manuel Rojas vistió en un mítico partido. Tres improbables revolucionarios confabulan un acto superlativo de disidencia a través del martirio de un millonario. Un solitario trabajador de un call center se sumerge en la alucinante aventura selvática de una mujer imposible.