La venta de humo como forma de vida

Por Juan Pablo Belair. Publicado en Ojo en Tinta, 02.08.2018

 

Se-vende-humo-777x437Ante mí, “Se vende humo” de Joaquín Escobar. Abro la primera página como quien abre una puerta. Allí dentro me encuentro a un intelectual organizando sus lecturas en una biblioteca que llamará: estilo propio. Al fondo, otra puerta, la abro, y veo a un hincha del fútbol con una camiseta patchwork de los clubes sudamericanos más importantes. Más adentro, en lo profundo, un niño busca en sus pares el significado de la amistad, y quizás va más allá, al sentido de la masculinidad en esos tiempos. Escondida, al final de todo, la última puerta. ¿Qué hay adentro? 12 puertas minúsculas por las que se entrevé una única historia, acaso la propia, pugnando contra sí misma, en un acto heroico de trascendencia desde los márgenes de todo para no quedarse en una venta de humo.

Esta última expresión, tan futbolera como trasandina (aunque suene redundante), describe al acto consciente de aparentar lo que no se es y ufanarse de aquello. Pero para quien observa y advierte el engaño –vender nada–, no solo el acto, la persona vende humo, pierde valor, y si es que lo tuvo. El narrador de estos fragmentos literarios, así (con algo de Levrero, algo de Casas, pero con mucho propio), se transforma en un centinela y libertario a la vez de la venta de humo como forma de vida, como sistema político, como clave de las relaciones humanas. Y lo hace con rabia, con escepticismo, con agudeza e ironía, pero también con candidez y desde una posición de ácrata poco comprometido que prefiere abrir puertas a mundos oníricos donde la realidad se difumine o en el peor de los casos se transforme en un mal sueño del cual despertar en su cama adolescente. Sigue leyendo →

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Daniel Plaza, la escritura como poética espacial: arqueología de una opacidad

Por Juan Pablo Sutherland*. Texto de presentación de la novela «Desierto», de Daniel Plaza, BiblioGAM, 19.07.2018

 

Preludio: lo que procede y sirve de entrada, preparación o principio de a una cosa. Lo que se toca o canta para ensayar la voz, probar los instrumentos o fijar el tono, antes de comenzar la ejecución de una obra musical. Composición musical de corto desarrollo y libertad de forma, generalmente destinada a proceder la ejecución de otras obras

LA RAE.

2018-06-01Daniel Plaza ha pensado la metáfora del desierto como señuelo, como título y como camino incierto y misterioso de un territorio donde nada es seguro, aridez afectiva como llave, incertidumbre como pliegue y juego espectral en las vidas de 4 voces que acompañan esta novela. Desde El corredor, su primer texto, por cierto, fundacional de su poética, Plaza ha corrido y ha vuelto sobre ese imaginario espacial. Desde El corredor como huella de su primera narrativa, donde lo espacial es fundamental como materialidad y como delirio de otro tiempo, o como cita de un posible imaginario, nos encontramos con Desierto, que actuaría como campo extendido donde las vidas precarias o nuda vida, o biografías en suspenso, construyen un diario colectivo, o de narrativas que configuran cierto modo de habitar el mundo.

El autor, entonces se ha valido de 4 voces que actúan como puntos de fuga o puntos ciegos en una historia que se piensa como un fractal, cada vida expuesta a un juego que supone las vidas como centros o periferias de los otros, algo así como vidas paralelas, donde el privilegio de mirarlas recae en los lectores como únicos autorizados para despejar la traición de cada una de las voces. Un juego polifónico bajtiniano donde no es posible pensar en una narrativa central como economía del acontecimiento. Un policía, un hombre del locutorio, la mujer de los mensajes, el narcotraficante, son los encargados de configurar el territorio que cita la aridez de la vida precaria, del oficio subalterno, incluso del policía como archivador de las huellas. Sigue leyendo →

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Daniel Plaza, escritor: “El mayor peligro es no ver la violencia”

El narrador y académico se apresta a lanzar su nueva novela “Desierto”, donde aborda, a partir del enigma de un crimen, los temas de la violencia y la migración en una anónima ciudad. El título se suma al catálogo de Narrativa Punto Aparte.

2018-06-01

Un policía investiga el atroz crimen de una mujer, ocurrido en el baño de una sórdida habitación de hotel. El empleado de un locutorio atisba desde su puesto las vidas de los migrantes que intentan sobreponerse al olvido, mientras sobreviven en la ciudad. Promesas, deseos, amores y temores llenan las páginas de las cartas que Nina escribe a su pareja y a su hijo, a quienes ha dejado en el extranjero. Un narcotraficante, veterano de la noche y de las fronteras, busca eludir la carga de la culpa que el destino le ha impuesto.

            Cuatro historias, cuatro momentos, cuatro voces unidas por un final aciago y violento, cuyo origen se esconde en las bulliciosas calles de una urbe de anónimos habitantes, son las que dan forma a “Desierto”, la nueva novela del escritor Daniel Plaza, que será lanzada este jueves 19 de julio, a las 19.30 horas, en la Biblioteca GAM. El libro, que forma parte del catálogo de Narrativa Punto Aparte, será presentado por el escritor Juan Pablo Sutherland y la académica de la Universidad de Chile, Darcie Döll.

            Plaza, autor de la novela “El corredor” –ganadora del Premio Mejor Obra Literaria 2001-, elabora en “Desierto” una trama coral, inserta en la sólida tradición del noir chileno, donde reconstruye con precisión y sin artificios la anatomía de un crimen, buscando respuestas a las preguntas que nadie atiende en una sociedad atravesada por la indolencia y la soledad.

            -¿Cuál fue tu inspiración para escribir este libro?

            -Esta novela es resultado de una anterior que venía trabajando (una que no he querido dar a conocer y tal vez no lo haga), donde su protagonista rondaba por los lugares del centro de la ciudad, una ciudad innombrada pero muy latinoamericana. Sus referencias obviamente tienen mucho que  ver con Santiago, pero también con otras que imaginaba. De esa novela me quedaron las imágenes de lugares. Me interesaba mucho lo de los lugares. En esa novela surgió marginalmente un centro de ciudad, o un rincón de centro de ciudad, habitada por inmigrantes que se reunían en un mínimo espacio, un espacio pobre, pero en el que generaban modos de cohabitación solidarios. Eso fue lo primero. Luego alguien me comentó una escena que había visto en un centro de llamados en el centro de Santiago y esa escena facilitó la imagen de la totalidad de lo que luego sería “Desierto”. Sigue leyendo →

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“Se vende humo”, de Joaquín Escobar: Incorrección surrealista de principio a fin

Lo llamativo de las historias escritas por el treintañero autor nacional es que están siempre dando giros inesperados y el sentido de lo verosímil se tensa hasta tal punto que las acciones de los personajes –poco sostenibles en nuestra realidad– funcionan muy bien en el marco de la ficción imaginada por el escritor.

Por Francisco García Mendoza. Publicado el 11.06.2018 en cineyliteratura

Joaquín Escobar (Santiago, 1986) publica su primer libro de relatos titulado Se vende humo (Narrativa Punto Aparte, 2016). El también sociólogo construye sus historias a partir de retazos que van configurando un panorama de lo que podría considerarse un gran relato que, sin embargo, no logra cuajar del todo. Son doce textos que funcionan como anécdotas -hay algunos cuyo desarrollo podría situarlos en una esfera narrativa independiente de la totalidad-, poseen fluidez, gracia, sencillez a veces matizada con referencias demasiado literarias que sitúan a los personajes en un campo cultural en el que no necesariamente debiesen estar o que simplemente no son relevantes en el desarrollo del relato.Se-vende-humo-777x437

“No hay que creer en Foucault, ya que no se puede tomar en serio a alguien que le gustaba meterse palos por el poto”, menciona uno de los personajes de “Raimundo, el Bototo y la Pacheco”, y quizá esta sentencia pasa a ser la síntesis de la tesis de toda su obra. Sigue leyendo →

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Un texto que se observa dentro del texto

Por Mike Wilson, texto de presentación de la novela «Indios Verdes», de Emilio Gordillo. Espacio Estravagario, 12 de abril de 2018

PORTADA INDIOS VERDES

Ya hace casi diez años que conocí a Emilio, tuvimos nuestra primera conversación una mañana en un tren en las afueras de Temuco camino a Lautaro, mirábamos el paisaje a través de los cristales del tren, hablamos de Roberto Arlt y del silencio, desde el interior del vagón mirábamos el paisaje a través de las ventanas. Nos bajamos del tren, fuimos a un colegio al lado de la estación, hablamos de cosas de libros que ya no me acuerdo, volvimos a subirnos al vagón y seguimos hablando, como si nunca nos hubiésemos bajado de la máquina.

Indios Verdes es una novela en cuatro partes sobre un montón de cosas, en muchos sentidos es sobre la ciudad, en este caso el DF, así como Croma -la novela anterior de Emilio- trabaja el mapa de Santiago, pero para mí lo que más me sorprende de Indios Verdes es cómo acierta en representar la experiencia de la identidad a la deriva en lugares remotos, en lugares otros, en lugares que encapsulan y a la vez aíslan el yo. No me refiero al desconocimiento ante una cultura distinta o la noción manoseada de “otredad” en algún contexto seudo postcolonial, acá se trabaja algo más elemental sobre el efecto del desplazamiento sobre la identidad y la soledad radical. Por un lado está la idea de que no existe tal cosa como un yo sin sus lugares, que uno nunca “es” sin su contexto, y los lugares no son lugares sin quién los transforme en eso, llevamos geografías dentro de nosotros que alteran los espacios a los que ingresamos y esos en turno nos modifican a nosotros. Por otro lado estamos atrapados en nuestro propio solipsismo, somos una jalea gris literalmente encerrada en nuestros cráneos, nunca abandonamos esa celda, y de cierta forma ese presidio en nuestras cabezas nunca nos permite realmente salir al mundo. El protagonista de Indios Verdes se encuentra en esta tensión entre estar en un lugar y atestiguar un lugar, como un metronauta separado de su entorno por un traje aislante y un casco de vidrio. Las primeras partes de la novela se refieren al cristal, a su anverso y reverso, se repite la experiencia del protagonista que observa el mundo desde el otro lado del vidrio, el cristal que intermedia la percepción y negocia la experiencia del DF. En cierto momento dice:

Al anverso del vidrio, fueron apareciendo nuevos y nuevos cerros con sus casas encaramadas… Me costaba imaginar la vida de alguien nacido allí, que ahí naciera un niño, que creciera o fuera feliz, de mi cabeza solo salían imágenes oscuras, matanzas, violaciones, trata de blancas, narcotráfico, miedo, silencio. Pero como conceptos, como peces al otro lado de un mundo sumergido, de un acuario de agua descompuesta. Quise guardar todas las imágenes vistas para algo que aún no acababa de comprender, y me fui acurrucando hasta quedarme dormido. Era un turista, y tenía sueño. Sigue leyendo →

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