El aislamiento de las imágenes

Por Rodrigo Arroyo

¿Qué ocurre para que el sujeto humano se dé a sí mismo como objeto de saber posible, a través de qué formas de racionalidad, a través de qué condiciones históricas y, finalmente, a qué precio?

— Martin Jay

La literatura debe ser extraída de la realidad, en cierto modo. Ahora, esto no implica que el relato tenga que regirse bajo supuestos que aseguren una cercanía con dicha realidad digamos, pero sí el relato debe contener una realidad, no parcial sino completa y sin espacio a dudas, en lo relatado. Y que en Variaciones sobre la vida de Norman Bates, (Valparaíso, Narrativa Punto Aparte, 2010) esta realidad del relato se construye desde una estética basada en el absurdo y la ironía, en el humor negro y lo escandaloso quizá, como características que claramente dan a estos relatos, una cercanía con el surrealismo. En palabras de Blanchot: La verdad del relato consiste en impactarnos mediante un escándalo evidente que no sabremos sin embargo dónde situar. Así, descartamos el vínculo surrealista como una única forma de abordar estas nouvelles. Desde ese supuesto entonces podríamos entender la libre asociación, sin pensarlo sólo como un vínculo surrealista, más bien como una forma de aislamiento por parte de una escritura. Ya sea de un pasado o un futuro, sin contexto real digamos, poniendo en entredicho una recepción hegemónica, o cuestionándola, mediante la abolición o tensión de códigos que pudiésemos pensar como códigos de desciframiento. Así, se erige sobre fragmentos de realidad, que no hacen otra cosa sino señalar fragmentos de escritura, fragmentos de deseo de escritura, cito: el poeta tres comentó que en ese acto se resumía toda historia de amor: un poema a corregir.

Tal vez el asilamiento de esta escritura en particular proviene del lenguaje y la veracidad del absurdo, con imágenes que en general evitan el exterior, y se nos presentan como una solapada forma de insinuar la posibilidad de la narrativa como deudora de la imagen en el sentido que Faúndez deja ver la incapacidad del lenguaje de mostrarse a sí mismo extendidamente, nos recuerda siempre la condición dependiente de la palabra con lo que ella representa; y que en el momento de desestabilizarnos el relato nos envuelve y, paradójicamente o como una tomadura de pelo, quedamos al final, retenidos mirando como se despliega el lenguaje a través de la imaginación. Y nos quedamos entonces mirando el desenvolvimiento del lenguaje como pensándonos, hecho que se hace evidente o se logra cuando un relato no puede erguirse nunca como mirando dentro del propio relato; es decir, hay algo que escapa a lo narrativo en algún inicio. Y Faúndez, sabiéndolo, estructura relatos que bien pueden ser leídos a partir de imágenes fijas, a través de las cuales respondería al epígrafe de Jay, en el sentido de darle a la imaginación un estatus de saber, por cuanto rearticula las mismas formas que el saber utiliza para darse a conocer, pero dicho de otro modo. En Amuleto, de Bolaño, Auxilio (la protagonista) se ve sorprendida ante lo sorprendente que resulta aún el amor, de lo que es capaz, mientras que en Variaciones, Fagestrom debe revivir a un pájaro muerto, para obtener así el amor de la mujer imposible.

Al regresar de su viaje por el extranjero, la mujer imposible le dijo que si lograba que el pájaro saliera volando de su tumba, ella viviría con él y regaría todos los días el jardín tomada de su mano, como si fuera su hija, o su madre, o su mujer, o lo que quisiera que fuese.

Más allá del vínculo, es interesante notar en la imaginación la posibilidad de enriquecer ciertas temáticas, el mismo Bolaño lo señalaba a propósito de Borges: que en verdad existen unos cinco temas en literatura, y que se van expandiendo cada vez, dependiendo del aporte de cada autor. Así, equivocándome quizá al catalogar temáticamente estas nouvelles, creo que podríamos acotarlas al espacio amoroso, en el sentido que lo amoroso es una incidencia sobre lo angustioso, sobre la búsqueda del deseo. Así, en Variaciones, podemos ver cómo todo gira en torno al deseo y la angustia, pero respecto a la objetualidad. Desde los animales o personas embalsamadas, a los poemas como adornos visuales de un motel, hasta el pájaro muerto, todo pasa por ser objeto. Lo que deberíamos preguntarnos entonces es cómo liberarnos del objeto (incluso pensando en el objeto artístico, a lo Gombrowicz) sino creando uno tan particular y ficticio que produzca un shock, y atracción, ligada cómo no, con el humor negro que se despliega en estas cinco historias.

Otro aspecto notorio de estas nouvelles, es el total corte respecto a la temporalidad, el aislamiento del que hablaba anteriormente, pues no existe dependencia alguna de alguna época, y la distancia que el relato propone al no situar nada en un contexto, digamos reconocible, particular, deja al lenguaje como particularidad; el contexto así es delineado por las referencias literarias y la apuesta estética cercana también al Dadaísmo, propuesta por Faúndez, lo que lleva a preguntarnos ¿De dónde vienen las imágenes? En el sentido que funcionan casi a modo de un shock visual, entrecortadas dentro de un relato normal; así entonces nos preguntamos, ¿Qué habrá provocado ese corte? ¿Será el contexto que no aparece, la cuestión epocal? Para tratar de responder esta pregunta creo necesario volver sobre la petición de la mujer imposible: de revivir el pájaro muerto, o los diálogos entre la niña embalsamada y Norman, o aquellos entre la mujer divorciada y su madre, o con su amante. En fin, podemos leer dichos diálogos revisando una de las apuestas de sociedad que Bergson propone. La de la sociedad libre, que más allá de las libertades que propone, destaca la opción de no crear un dios particular, y ni siquiera varios. Más bien lo que propone es establecer como referente algo que vaya más allá de lo humano, que acá podríamos desprender como la creación desbocada e irracional casi al modo del horror vacui. Ahora, insisto, creo que una forma de leer estas nouvelles es a partir de la importancia de las imágenes, que por lo demás son ficticias, señalando de este modo oblicuo tal vez, la sospecha que produce la visualidad respecto a la verdad. Y que una forma de ser contestatarios o de señalar un contexto es haciéndolo patente a través del cuerpo. Así, el cuerpo de esta escritura señala el ahogo y la desidia, el hastío y la sensación de fracaso, o de una derrota que no se irá. Otra vez entonces coincide con Bolaño Faúndez, al saberse derrotado antes de iniciar la pelea. Y que, aún así, iniciarla, le rescata.

Valparaíso, invierno del 2010

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