Escritura del norte

Por Daniel Rojas Pachas. Texto de presentación de la novela “Namazu”, de Rodrigo Ramos Bañados, en la Feria Internacional del Libro de Santiago FILSA 2013.

portada prueba namazu2La novelística de Rodrigo Ramos Bañados -“Alto Hospicio” (Quimantu 2009), “Pop” (Cinosargo 2010) y “Namazu” ( Narrativa Punto Aparte, 2013)- es, a esta altura, un referente y piedra angular de la escritura en el norte. Quizá Rodrigo no lo ha mesurado aún, pero sus obras han moldeado la visión de una generación fronteriza de poetas y narradores post ’90 que no nos reconocemos en la agotada mistificación de la pampa y la nostalgia de la épica salitrera y sus fantasmas. Todo lo contrario, hablo de escritores que nos identificamos y reflejamos en la estética que, de manera consciente, Bañados ha ido proponiendo e hiperbolizando con personajes como Ceballos, también conocido como el psicópata de Alto Hospicio; Alaska, el delirante protagonista del relato gonzo “Pop”; y en “Namazu”, la novela que nos convoca, el par de japoneses, Ronald el liguero fascista, Magda y la mujer gallina. Todos símbolos de lo abyecto, súmmum del tráfico humano y las nomadías erráticas en el desierto más árido del mundo. Atmósfera en que la violencia agazapada bulle como un trasunto de la xenofobia y el chauvinismo en eriales que se desdibujan desde Arica hasta lo más profundo de Atacama.

Hay que reconocerlo, Bañados ha leído y descubierto cómo comunicar a los lectores, mejor que nadie dentro del panorama contemporáneo de la narrativa chilena, el pulso de la vida en el norte. Zona en que el imbunchismo chileno del cual habla Joaquín Edwards Bello, toma connotaciones de desarraigo y apatía. Edwards Bello dice: “En general toda esa tierra es como un cadáver, como una momia. El paisaje, silencioso, ensimismado, anestesiado, es un paisaje que ha mascado la coca. Todo convida a la meditación y la tristeza. La gente piensa lentamente, ingenuamente y hasta las historias banales… Tienen una ilusión, un hechizo de espejismos en la memoria”.

La alusión a las palabras de Edwards no es caprichosa. En otra de sus crónicas, nos compara con Japón: “Nuestro pueblo es andino-sísmico a este lado y al otro de los Andes, Keyserling vio claramente el parecido entre Chile y el Japón. Pero nuestra cultura ha despreciado el fondo popular y las capas superficiales de europeos destruyen en cada oleada a las capas nacionales sin permitirles el progreso en su propio jugo. De ahí que la masa andino-sísmica vive en perpetua derrota y complejo de inferioridad reverenciando al europeo rubio”.

Una relación que no es extraña a “Namazu”, pues Bañados realiza el paralelo entre el mensaje trágico que comunica el pez oriental que da título a la obra, comparándolo con nuestro kalule. Lo cual me lleva a pensar en las palabras de Hiromu: “Quizás todos necesitemos de una ola de 30 metros, para volver al cauce”.

Bañados traza así un nodo impensado entre un imperio del primer mundo y Tocopilla. Quizá la ciudad más olvidada de Chile y en la cual se resume toda nuestra miseria como comunidad. Tocopilla, reconocida por ser la cuna de Jodorowski, Alexis Sánchez y Juan Podestá Barnao, anida seres anclados a una idea de progreso que les fue prometida y luego negada. A cambio, la paradoja del triunfo minero descansa en el cáncer de los pobladores, producto de la contaminación de las termoeléctricas. Los tocopillanos transitan en un espacio destinado al culto a lo horrible, masticando el resentimiento, orgullosos de un pasado que se piensa glorioso. Los hoteles de antaño, los bares y alguna visita ilustre que permite rastrear cierto abolengo en la herencia europea. Con patetismo poético, Bañados da cuenta del fracaso a través de la imagen de la FISA y los sueños de niñez de la hija de Magda.

Pero es el desfile de todo el frikerío provinciano por la plaza de Tocopilla lo que marca el tono de la novela. Ante el vouyerismo del peruano-japonés Kasunoki, marchan, pecho inflado, los desarraigados nietos emo-hardcore junto a los anestesiados abuelos fundacionales. Se trata de una radiografía maligna del camino que hemos abrazado. De algún modo, todos nos resumimos como parte de Chile en aquel desfile. Sin embargo, hay en ese bestiario de Bañados un personaje oscuro y delirante que brilla como un sol negro. Me refiero a Leo Rozas, “el escritor de chaqueta roja que desfilaba solo, con su libro premiado en Madrid bajo el sobaco y unos amplios lentes de sol que escondían su soberbia provinciana”.

Citando a Edwards Bello por última vez, lanzo como el kalule una advertencia: “Chile tierra de temblores, llegó tarde al día del reparto del buen gusto y de la medida. No conoce términos medios. La naturaleza hace al hombre tosco y feo. El hombre ayuda a la naturaleza y se venga declarando la furia y belleza de la fealdad (…) algo que se ha roto. Símbolo de Chile: roto”.

“Namazu” nos lanza al rostro, párrafo a párrafo, como en la técnica de ludovico, viñetas de nuestro error-horror nacional.

Daniel Rojas Pachas.
Lima, 2013.

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Archivado bajo "Namazu", Rodrigo Ramos Bañados

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