“Matanzas”, de Francisco Morales: Un espacio en la narrativa del crimen

Por Raquel Villalobos Lara, Doctora en Letras.

MATANZAS_PORTADAEl perspectivismo cervantino nos demuestra que la realidad no es unívoca, sino que se va construyendo con los relatos, testimonios y hasta de las percepciones y sentimientos que cada uno de los testigos o involucrados van relatando del hecho en cuestión. La vida misma se va construyendo no en forma individual y aislada, sino en conjunto, combinando los relatos de todos los sujetos, con sus discursos cargados de su interioridad.

La pluma magistral del autor de Matanzas, nos demuestra cuán importante es la construcción del relato sin decirnos qué fue lo que ocurrió. Primero, el receptor se ve enfrentado a varios documentos que le hacen dudar si está en presencia de una relato novelesco o una crónica o un archivo judicial. En cualquier caso, la lectura se hace cada vez más interesante, logrando captar la atención del lector que, como si fuese una adicción, necesita saber más y más sobre lo sucedido. Los documentos del archivo judicial de San Antonio son los primeros textos al que se enfrenta el lector. Con un lenguaje en que es posible leer entre líneas, se abre el espacio íntimo de los personajes que prestan su testimonio. Sin embargo, la confusión se genera porque es un documento, a simple vista, propio de un tribunal.

Segundo, la novela se construye de varios testimonios, de diferentes relatos, cada uno cargado y potenciado según su propia identidad. Es imposible confundir el estilo de uno con otro. El autor lo maneja y despliega toda su destreza en la escritura que ayudará a darle vida íntegra e individual a cada personaje. Cada uno de estos tiene su propia personalidad y eso se refleja fielmente en lo que cada sujeto dice y describe de la situación vivida directa o indirecta con los involucrados. En todos los personajes su vacío existencial se va acentuando a medida que el narrador reconstruye la historia.

Tercero, relatos aislados que giran en torno a un hecho que necesitan de un lector ávido para encontrar el hilo que enhebra el acto delictivo. Las pistas se van entregando de a poco, como si el narrador quisiera también hacerlo cómplice del crimen.

Cuarto, el título y el nombre de la localidad, Matanzas, es el escenario perfecto en que se conjuga la vida del turista nacional o extranjero con la vida aparentemente apacible de los habitantes del lugar.

Matanzas de Francisco Morales, viene a llenar un espacio en la narrativa de crimen nacional. Los crímenes siempre serán eso, crímenes. La diferencia está en cómo autores que —con una pluma jovial y renovada— muestren y relaten una historia con una estructura distinta, que combina las tipologías textuales, haciendo y exigiendo que la narrativa actual también sea reformulada.

 

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