El capitalismo y su bestialidad: sobre “Pinochet Boy” de Rodrigo Ramos Bañados

Por Joaquín Escobar. Publicado en Ojoentinta

 

portada_pinochet-boyTerminé de leer Pinochet Boy (Narrativa Punto Aparte, 2016) de Rodrigo Ramos Bañados un domingo por la mañana. Cuando cerré el libro me quedé mirando el techo y comencé a recordar una canción de La Polla Records en donde un personaje en todo momento quiere dejar de ser él para comenzar a transformarse en otro. La estrofa que dice: “Voy a ser el rey de Roma o el alcalde de Pamplona o el payaso que dispare sobre mí. Entraré en otra persona o en los huevos de Mahoma, da lo mismo quiero estar fuera de mí”, rebotaba insistentemente en mi cabeza. Como si el grupo español se hubiese adelantado a Ramos Bañados, o como si el escritor hubiese escrito su novela pensando en esa canción, o como si la idea de los desdoblamientos para ser otro hubiese existido desde el comienzo de los tiempos. Porque el protagonista de la novela atraviesa constantes procesos de transformación. Cada etapa de su vida se convierte en otro, cuestión que implica un cambio de nombre mediado por las cosmovisiones vivenciadas durante esa etapa. Al mejor estilo de Patrick Bateman —el protagonista de American Psycho— asistimos a un coro de mutaciones y desdoblamientos en donde varía el personaje, pero no el Chile que lo rodea: como si hace cuarenta años el país estuviese estático, sin avances y carente de cualquier dinamismo social. Leer hace un par de días la noticia de una comunera mapuche que parió engrillada, nos da la razón.


Mirko era un adolescente cuando Pinochet estaba en el poder. Criado en el Norte de Chile por una familia evangélica, tuvo una infancia marcada por tíos pastores que relataban historias sobre avistamientos de OVNIS y pasos por colegios públicos y privados donde lo discriminaban por siempre pertenecer a otro lugar. Cuando crece, Mirko ingresa a trabajar en un diario de la región que tiene una línea editorial basada en los romances entre modelos y futbolistas, desechando cualquier tópico político-social que pueda resultar interesante para concientizar a la ciudadanía.

Durante esta etapa, comienza a tener inquietudes por la literatura: escribe prosa y lee autores desconocidos en la región. Incluso los artículos que redacta los hace en un tono más poético, cuestión que es inmediatamente censurada por el editor periodístico, pues le recalca que el objetivo del diario no se remite a nada más que entregar una información. Es en este momento de su vida cuando Mirko da paso a Pedro. Un escritor de provincia que envía cuentos a concursos nacionales y extranjeros, obteniendo como único reconocimiento una mención honrosa en un certamen organizado por la ciudad de Huelva. La acumulación de años, fracasos y contradicciones por parte de Mirko y Pedro permite la existencia de Leonidas, una “versión desmejorada de ambos” que narra la novela desde un presente desosegado y desolador.

La de Ramos Bañados no es una novela sobre los niños que vivieron la dictadura, sino que es un texto que se enmarca en las sociedades de la post-dictadura, es decir, en la construcción de un Chile con una economía de libre mercado que provoca la alienación y la deshumanización de las masas. Mediante micro-narraciones atemporales que se van hilando en torno a la cotidianeidad del (los) protagonista (s), leemos una novela más sociológica que literaria donde hallamos un retrato de las miserias diarias generadas por el capitalismo y su bestialidad. Publicistas apolíticos que se presentan como artistas progresistas, actores seudo-revolucionarios que hacen negocios con multinacionales mineras y ciudades nortinas en donde lo monetario transforma todo en apariencias y superficialidad, son algunos ecos del daño indeleble que provocó la dictadura. La novela retrata a comunidades artificiales regidas por la idea de la productividad a gran escala, donde siempre se impone el rédito individual que se pueda sacar de una multinacional sin importar la destrucción de la ciudad y sus costumbres que la empresa va a generar: “La socióloga habla sobre esos caciques porfiados de los pueblos andinos que no querían participar de los muchos beneficios que entregaban las mineras, beneficios que eran irresistibles. -¿Cómo sacamos a esos hueones? No aceptan nada y están empecinados en sus tonteras”.

Un concierto de Marco Antonio Solís en el desierto; un dealer que le vende cocaína a un grupo de médicos; telepredicadores evangélicos una mañana ochentera de domingo; un escritor que protagoniza películas pornográficas en Holanda y asesinatos-venganzas-bonsái —que se asemejan a los de la película “Relatos salvajes”— son algunos de los decorados con los que Ramos Bañados construye y teje su novela. Un escrito para (re) pensar este apocalíptico país que se desintegra en cada paso que da hacia el futuro.

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Archivado bajo "Pinochet boy", Rodrigo Ramos Bañados

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