Un texto que invita a leer sin pausa

Diario La Prensa, 13 de junio de 2011
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Oriundo rancagüino, como fue Óscar Castro (1910-1947), sigue sus pasos en la poesía y recientemente en la narrativa. Conserva su amor por la Patagonia, donde se formó, y luego de algunos años en Santiago, un buen día, cumpliendo un encargo familiar, se encuentra con Valparaíso, al que ama desde el primer minuto. Aquí lo conocimos, como “secuaz” de nuestro amigo Mario Llancaqueo, desempeñándose desde hace varios años en todas las tareas de una librería, desde la mantención hasta el de eficiente guía cultural. Tiene él en su cabeza toda la existencia de la librería que cada año, con ocasión de las ceremonias de apertura de las sesiones del Congreso Nacional, goza de gratuita publicidad por su vecindad con el edificio institucional, y el “barrido” de cámara nos muestra la fachada de la librería Crisis.

Iván Parés Fuentes (Rancagua, 1979), joven adusto, de aire reconcentrado, atiende la librería asesorando a la clientela transitoria o “habitué” y se relaciona con escritores o intelectuales en general, porteños y “afuerinos”, quienes en no pocas ocasiones hacen recordar las tertulias que muchas veces vimos transcurrir en esa famosa librería de la familia Ortés, que funcionó por largos años en calle Victoria, El Pensamiento.

Iván, hace algún tiempo, auspiciado por amigos del mundo literario porteño, se decidió a publicar “Nocturna escribanía”, “con un tiraje mínimo, como sus páginas y sus versos, que hablan” del origen de la luz (“la luz, para iluminar, primer esparce sombras”), del paisaje (“despierta en un recinto sin contornos, en el ensueño más ignoto de la luz. Se duerme de inmediato, no encuentra lenguaje para nombrar lo que yace inmaculado”), de la fuga mística (“se encerró en la oscuridad; no permitió que la luz mancillara su celda”).

Y hace algún tiempo, sin mayores aspavientos, salió a circulación una “nouvelle” de su autoría, sin “lanzamiento”, nos dice él, ya que no le agradan esos actos… Y hace sólo algunos días atrás, muy sutilmente, nos guió hasta el mesón donde se expone su obra “En medio de la nueve” (Narrativa Punto Aparte, Valparaíso, 2010), que hemos leído con gusto. Texto que invita a leer sin pausa, ya que Iván Parés hace gala de una prosa que combina la esmerada descripción (“…Observa el cenicero estructurado en varios pliegues triangulares y, más allá, oculto entre las botellas, un limón brillando en su propio verdor como una luciérnaga detenida entre las formas difusas y líquidas…”, p. 17) con el suspenso que se inicia ya desde la página 1, en su primera frase: “Ha caminado horas enteras”, que remite a este Valparaíso que Iván ama, en sus intrincadas callejuelas, escaleras, cerros. Aflora algunas líneas más allá el tenor de la obra, cuando el personaje, César, un profesor de Cálculo, “mira con desdén el mar, en la distancia los barcos parecen dibujados por una mano infantil, una mano temblorosa”. En tan solo 130 páginas asistimos al desmoronamiento de un hombre acuciado por “un desajuste”, que provoca la destrucción de una familia. ¿Habrá algo peor? La obra termina como empezó, junto al mar, pero en un clima distinto, patagónico, lugar donde César ha llegado a intentar reparar sus errores. Obra que dará que hablar.

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