Nacidos para perder

Por Patricia Espinosa, Las Últimas Noticias, 09.05.2014

 

Las Últimas NoticiasDesechos humanos, purulencias, heridas malolientes, cuerpos retorcidos, enfermos: todo eso prolifera en La muerte de Fidel, una novela que asienta la sólida propuesta estética que desde hace rato viene trabajando Yuri Pérez en torno al espacio de lo marginal.

Es así como las historias de este autor transcurren en espacios asimilables a mataderos, habitados por seres en permanente despojo, cuyos cuerpos se ven sometidos a un proceso de ineludible descomposición, enfrentados a una derrota histórica que confirma que todo estuvo perdido desde siempre.

Agustina es la voz protagónica de este relato donde predomina una retórica mortuoria orientada a constatar la devastación de una familia y particularmente de la propia narradora. Agustina es un personaje sombrío, cargado de símbolos misteriosos, rebosante de palabras feroces, que va construyendo una perspectiva brutal para enfrentarse a sí misma.

El padre ocupa un lugar central en la narración, pese a que no es más que un cuerpo atrapado por una enfermedad terminal que se va degradando con saña. La protagonista mantiene una mirada compasiva ante este hombre que se va pudriendo con lentitud y que prefigura su destino: Agustina es un eslabón más de una estirpe de anónimos condenados a muerte. Pérez escapa al facilismo de asociar la relación padre/hija al complejo de Edipo, con lo que logra hacer más denso y trabado el flujo de la anécdota.

La narración da pistas de iniciarse en la adolescencia de Agustina, una mujer limítrofe que recibe una escasa ayuda del gobierno, y aunque prontamente se instala en su vejez, mantiene siempre una tonalidad adolescencial, en cierta medida ingenua, tozuda y racional.

La historia se centra en el antes y el después de la muerte del padre y de la madre. En el primer tramo, Agustina se encarga de sostener como puede al hombre enfermo, recogiendo sus escaras, enjuagando su ano y las mangueras por donde se alimenta, lavando sus fecas y vómitos esparcidos en la cama donde agoniza.

Luego, la narración se enfocará en ella misma, expuesta a través de un extenso y aterrador monólogo en torno a su cuerpo y la literatura. Agustina está escribiendo un libro que, a través de pequeños indicios, podemos suponer que es el mismo volumen que leemos y que pretende publicar para “dejar huellas en la tierra”.

Yuri Pérez aniquila con absoluta certidumbre a sus personajes y desarrolla con exactitud la anomalía, clausurando cualquier redención y, más aún, tachando toda posibilidad de deseo. Cada palabra, escena o discurso está ahí para generar angustia, terror y asco, como una táctica provocadora para denunciar a una sociedad enferma, que desecha a sus pobres y expulsa a sus “anormales”.

La muerte de Fidel es indiscutiblemente una novela sobrecogedora, cargada de virulencia, pero también, aunque suene paradójico, de vitalidad, en tanto jamás baja la guardia en su itinerario crítico.

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Archivado bajo "La muerte de Fidel", Crítica, Yuri Pérez

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