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La insoportable gravedad del ser

Por Daniela Pinto. Publicado en La Estrella de Valparaíso 04.10.2017

04_10_17_pag_20-1440-45635d¿De cuántas partes se construye una existencia? ¿Cuántos pedazos de carne y de alma necesito para formar a un hombre? ¿Has jugado alguna vez con un caleidoscopio? Cuando niña mis papás me regalaron uno. Lo compraron en una feria de San Bernardo. Todo el mundo se veía distinto. Los rostros de las personas se desfiguraban y se dividían en infinitas partes. Por ejemplo, en un momento, podía ver el ojo de mi hermano multiplicado muchas veces pero, en ese mismo instante, una nariz se apoderaba del lente y se reproducía nuevamente hasta que decidía mirar algo distinto a la deforme cara que tenía enfrente.
Esta misma sensación me produjo la lectura del texto “Virgen”, de Yuri Pérez, publicado por Narrativa Punto Aparte. Con la imagen de “La habitación de Ulises”, de Valeria Salinas, como portada, el libro incita a la reflexión sobre la soledad y el abandono, desde su inicio. Al ver el libro, piensas que ya sabes lo que vas a leer, pero lo que no sabes es cómo terminarás sintiéndote después de leerlo. Sigue leyendo

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La simulación de un diario de vida: Sobre “La Muerte de Fidel”, de Yuri Pérez

Por Sebastián Schoennenbeck Grohnert, Doctor en Literatura y académico de la Pontifica Universidad Católica.

portada la muerte de fidel2La novela La muerte de Fidel podría ser definida como la simulación de un diario de vida. Los segmentos que componen las tres partes de la obra no están acompañados de encabezados que indiquen la fecha y el lugar de la escritura. Sin embargo, los lectores podríamos suponer que la narradora registra, ya sea diariamente o cada cierto lapso de tiempo no demasiado extenso, el proceso de agonía de su padre y, más tarde, su propia descomposición. Pese a estar travestida en un diario, este mismo proceso otorga a la novela un argumento o una trama, recurso que Juan Manuel Vial se dio el trabajo de exponer en la crítica periodística dirigida a la obra de Yuri Pérez.

Plantear la novela como una simulación de un género referencial como es el diario de vida nos permite derivar en una serie de observaciones, desde luego cuestionables y discutibles, que me gustaría compartir con ustedes.

En primer lugar, la simulación nos sitúa en un ejercicio verbal que podríamos vincular al barroco y, más específicamente, a lo que Severo Sarduy identificó como neobarroco. Es decir, el relato exacerba sus apariencias y disfraces, porque la novela, como género discursivo, carecería de una particularidad esencial que la defina e identifique. En este sentido, me parece iluminadora la afirmación de Úrsula Starke quien identifica la narrativa de Yuri Pérez en vinculación con la poesía, la prosa poética y el barroquismo.

La obra va presentando una serie de derivaciones polarizantes o de inversiones degradadas que podrían identificarse como contrastes al modo de un claroscuro tan propio del barroco. Por ejemplo, el padre ha sido, entre otras cosas, un chef, es decir, supuestamente ha ejercido un oficio cuya garantía reside en la sensibilidad del paladar y de la lengua, órgano que más tarde será destruido por el cáncer. A su vez, si el padre era un chef, la hija, por el contrario, degustará colas crudas de ratones y se someterá a una dieta absurda con un efecto atroz de adelgazamiento.

Sin embargo, la inversión o derivación polarizante más visible, a mi modo de ver, es el claroscuro que estable la oposición vida/muerte. Este supuesto diario de vida ha derivado más bien en su contrario: un diario de muerte, el registro diario, semanal, mensual o anual, da lo mismo, de la agonía y su consumación. No en vano, la escritura poética de la novela cita Diario de muerte del poeta Enrique Lihn. Esta cita no es cualquier cita. Se trata de una cita apócrifa: a modo de un epígrafe excesivamente largo y, por ende, poco convencional que antecede la segunda parte de la obra titulada “La Mistral chica”, el poema de Enrique Lihn titulado “No te desasosiegues” aparece transcrito en prosa, es decir, el copista no ha respetado los versos libres del poema original. El resultado es una prosa poética un tanto irónica: se alcanza la cima sublime de esta prosa poética a través de un ejercicio de copia falseada que altera el original. Creo que se trata, insisto, de una ironía dirigida a todos los lectores y lectoras que hemos hablado, en primera instancia, de una “prosa poética” en La muerte de Fidel. El poema de Lihn transcrito en prosa arroja ciertas luces que nos permiten profetizar el estado económico y el estado de salud de Agustina, la narradora. El poema de Lihn habla de poetas disminuidos, voces verdaderamente poéticas tal vez opacadas por otros poetas tales como Homero y el mismo Neruda. Comparado con los novelistas buenos y con los novelistas millonarios, el (verdadero) poeta es entonces figura de degradación, precariedad, enfermedad e inutilidad en un mundo cuya ley no es la de la poesía, sino la de los hommes des équipages tal como el mismo Lihn lo afirma, al modo de Baudelaire, en “Todavía aleteo”, otro poema de Diario de muerte muy en consonancia con “No te desasosiegues”. Sigue leyendo

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Un discurso delirante y, sin embargo, elocuente: ponencia sobre la novela “Mentirosa”, de Yuri Pérez

Por Sebastián Schoennenbeck G., profesor asistente, Doctor en Literatura de la Universidad de Chile. Ponencia sobre la novela “ Mentirosa” ( 2012), de Yuri Pérez, Editorial Narrativa Punto Aparte. Expuesta en el encuentro “Cartografías e imaginarios de la narrativa argentina, chilena y mexicana reciente”, Universidad Católica de Chile, 2014.

 

portada mentirosaEl escritor chileno Yuri Pérez publicó en el año 2012 una novela titulada Mentirosa. A través de un discurso delirante, desquiciado y, sin embargo, de incesante elocuencia, el relato deja entrever las fantasías y sueños individuales de dos hermanas provenientes de un mundo popular, poblacional y evangélico fuertemente marcado por una precariedad social, material y cultural. Pese a ello, la novela señala, según el crítico Cristián Gómez, una “distópica imposibilidad de ver otros horizontes” (15) No es casualidad entonces que la novela finalice con la alusión a un espacio que una de las narradoras identifica como una peluquería, pero que puede ser más bien una cárcel con múltiples puertas nunca conducentes a una salida.

Quisiera entonces detenerme en esta fisura de la novela: por un lado, la locura de las dos hermanas que asumen la voz narrativa dibuja ingenuamente un mundo de oropel, un mundo de fantasía soñado por el deseo y, por otra parte, el relato niega toda utopía, interrumpe un proceso de mejoramiento y de ascenso social. En suma, si la utopía, en palabras de Barthes, desbarata el paradigma, las fantasías de las hermanas, a través de un ejercicio connotativo que da lugar al descalabro, sólo confirman un orden fundado en la mercancía.

Este discurso distópico también se aprecia en el lenguaje que caricaturiza figuras históricas y del espectáculo chilensis. Tales figuras terminan alegorizando de manera degradada a una pobre nación. En este sentido, la novela cultiva un lenguaje paródico tal como lo ha indicado Cristián Gómez. Del mismo modo, podría estar trabajando también con un lenguaje carnavalesco cargado de altas dosis de humor, aunque la obra no nos asegura fiesta alguna. Sigue leyendo

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Nacidos para perder

Por Patricia Espinosa, Las Últimas Noticias, 09.05.2014

 

Las Últimas NoticiasDesechos humanos, purulencias, heridas malolientes, cuerpos retorcidos, enfermos: todo eso prolifera en La muerte de Fidel, una novela que asienta la sólida propuesta estética que desde hace rato viene trabajando Yuri Pérez en torno al espacio de lo marginal.

Es así como las historias de este autor transcurren en espacios asimilables a mataderos, habitados por seres en permanente despojo, cuyos cuerpos se ven sometidos a un proceso de ineludible descomposición, enfrentados a una derrota histórica que confirma que todo estuvo perdido desde siempre.

Agustina es la voz protagónica de este relato donde predomina una retórica mortuoria orientada a constatar la devastación de una familia y particularmente de la propia narradora. Agustina es un personaje sombrío, cargado de símbolos misteriosos, rebosante de palabras feroces, que va construyendo una perspectiva brutal para enfrentarse a sí misma.

El padre ocupa un lugar central en la narración, pese a que no es más que un cuerpo atrapado por una enfermedad terminal que se va degradando con saña. La protagonista mantiene una mirada compasiva ante este hombre que se va pudriendo con lentitud y que prefigura su destino: Agustina es un eslabón más de una estirpe de anónimos condenados a muerte. Pérez escapa al facilismo de asociar la relación padre/hija al complejo de Edipo, con lo que logra hacer más denso y trabado el flujo de la anécdota. Sigue leyendo

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Entrevista a Yuri Pérez: “Cuesta mucho más escribir un buen poema que escribir un buen cuento”

Por Julián Gutiérrez, publicado en www.letras.s5.com

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Yuri Pérez (San Bernardo, 1966) es uno de aquellos poetas que en el transcurso de su desarrollo escritural han “emigrado” a la narrativa. Tal como Pavel Oyarzún y Alejandro Zambra,sólo por nombrar dos ejemplos cercanos, Pérez se inició como poeta, publicando títulos como Cara et Fuego (1994), Cartas del interno (1995), Mala Yerba(1998) y Cumbia (2003). Sin embargo, años más tarde publicará su primer libro de narrativa: Suite (2008), título al que luego le seguirán también Niño feo (2010), Mentirosa (2012) y La muerte de Fidel (2013).

Fue Becario de la Fundación Neruda en 1994; dos años más tarde recibe el Premio Municipal de Literatura de San Bernardo y la beca Fondart, y con su novela Niño feo obtiene el Premio de la Crítica 2010. Edita bajo el sello de Narrativa Punto Aparte, editorial a cargo de Marcela Küpfer. Respecto a su obra, Juan Manuel Vial señala: “Es una de las voces más interesantes entre los escritores chilenos que rondan, por arriba y por abajo, los 40 años (…) Yuri Pérez, a punta de contención, talento e inteligencia, ha hecho de la simpleza una declaración artística difícil de superar”.

A continuación el autor comparte su visión acerca de sus inicios literarios, sus influencias, su mudanza desde la poesía a la narrativa, su propuesta escritural, entre otros temas que con pasión nos habla.

—¿Cómo ocurrieron tus inicios literarios, en términos de ambientes, amistades e inquietudes?
—Mis inicios literarios fueron un accidente, nunca pensé que iba a ser escritor, yo quería ser policía; pero nada, un día en sétimo año, en una escuela de San Bernardo, a un profe de religión se le ocurrió pedir que escribiéramos un poema imitando a los poetas españoles; poesía rimada, cuartetos y cosas como esas. Entonces escribí un par de poemas sobre temas bastante cotidianos: ambos primeros poemas eran una mezcla extraña entre poesía de amor y social, ahí yo no sabía qué cresta era la poesía, ni qué era la literatura; sólo tenía una musicalidad en la cabeza que me hacía escribir bastante rápido algunos poemas con rimas, como escribir textos cantaditos. El fondo de los poemas en mis inicios, un cabro chico, un cabro chico de 11 años, tenía algo de tristeza que ahora puedo visualizar, siempre el poema terminaba con una frase triste, quejumbrosa o desamparada. Atribuyo eso a mi obvio silencio con todo el mundo: no hablaba mucho y al parecer vi que lo que no hablaba lo podía decir escribiendo. De ahí no paré de escribir. Claro que eran poemas malos pero que sonaban bien al leerlos en voz alta. Cuando te digo que no paré de escribir fue verdad, no paré y cuando entré al liceo seguí haciéndolo. Me sentí varias veces como un bicho raro. A veces me sentí un demente, un loco. Me la podía pasar escribiendo una tarde completa encerrado en mi pieza. Lo curioso es que no me gustaba leer a otros autores, en la casa no había libros ni una repisa para poner libros. Lo que más leía era el diario que lo compraba un viejo que era vecino nuestro y que cuando ya lo había leído en la mañana mi mamá se lo pedía para hacer fuego en el patio; antes de que ella lo metiera a la fogata yo leía algo de la sección de deportes. Sigue leyendo

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