Por Damián Ríos*
Vamos a empezar y terminar citando la novela, porque la cita es el modo más modesto de la crítica, y también el modo más ambicioso, y ambición y modestia no le faltan a Manual para tartamudos:
“24 de diciembre de 2011
Mi muy entrañable:
Estoy intentando instaurar un modo de pensar basado en 1) la observación naturalista 2) la intuición como moral 3) el desprejuicio estético 4) la irrelevancia absoluta de los sentimientos del otro 5) el más estricto apego al mandamiento de amar al prójimo 6) la destrucción de los preceptos anteriores 7) la construcción de nuevos paradigmas 8) el uso en el lenguaje de palabras o expresiones que denoten incertezas, como “al parecer”, “creo que” o “imagino tal vez” 9) la primacía de la fe en el individuo 10) el fin de cualquier tipo de conclusiones, inclusive ésta”.
Manual para tartamudos es una novela epistolar, y aunque cumple con todos los requisitos del género, la definición no le hace justicia. Mejor podríamos decir que Manual para tartamudos es una novela que también es epistolar, que se inscribe en esa tradición de un modo moderno, actual, sin ironías, pero que tampoco eso es toda la novela. Hecha de una prosa rítmica, elegante, con una sintaxis perfecta, con chispazos de humor y buenas descripciones y retratos, que se llevan muy bien con el tono de la novela, y con la trama, que incluye a un remitente chileno en Buenos Aires, una emigración o un exilio, un corresponsal chileno que no contesta las cartas y un editor que ordena el material e introduce notas al pie con comentarios que lo hacen un personaje más, e incluso una ciudad, Buenos Aires, que además de paisaje también funciona con los dispositivos de un personaje más. Sigue leyendo
Quiero partir contándoles una especie de infidencia o un recuerdo. Estoy conversando con Joaquín en el patio de la Universidad Alberto Hurtado; tiene que haber sido el año 2012 o el 2011, no lo sé con exactitud. Sí recuerdo bien otra cosa: los estudiantes estaban preparando una toma o bien tenían tomada la universidad, y recuerdo también que ambos respirábamos profundamente la atmósfera de esperanza y de revuelta que nos trajo ese movimiento. Tengo que haber criticado las tomas como método o esa toma en particular, supongo. Joaquín me escuchó con una educación que solo ahora le puedo agradecer, y luego me contó lo siguiente. En la Universidad ARCIS, donde estudió sociología, su carrera de pregrado, hubo un tiempo en que los estudiantes, o algunos de los estudiantes, pensaron posible que Max Marambio, el famoso empresario que en otra vida fue GAP de Salvador Allende, financiara la gratuidad para todos los alumnos. “¿Me estás diciendo que había gente que creía de buena fe que una sola persona iba a pagarles la carrera a todos los alumnos de la universidad?”, le dije. “Sí, por supuesto”, me respondió, creo que sin sorpresa.
Aparece un libro de Gonzalo León editado en Chile. El autor vive hace más de diez años en Buenos Aires. Es también periodista y columnista de Punto Final. Ha publicado más en Argentina que acá. A fines del año pasado decidió publicar una novela compleja, con argumento notable. Se titula “Manual para tartamudos” (Narrativa Punto Aparte, 128 págs., Valparaíso).
, de Joaquín Escobar (Narrativa Punto Aparte, 2017), es un conjunto de once relatos que van de menos a más. No porque la calidad de sus cuentos sea asimétrica, sino más bien porque a medida que avanzamos en el libro es como si pudiéramos asistir a la evolución de las destrezas literarias de su autor. Eso hace que esta obra se lea de un tirón. El realismo cotidiano se intercala con pasajes delirantes e incluso surrealistas, escritos con una prosa urgente que recuerda las novelas de César Aira o los capítulos de Los Simpson, en donde la velocidad nos conduce por diferentes escenas que en ocasiones parecieran no conectarse entre sí.
Un profesor obsesionado con robar libros a sus ocasionales amantes divaga sobre filosofía y fútbol frente a sus apáticos alumnos. Un par de ladrones de camisetas urde un retorcido plan para quedarse con la polera que Manuel Rojas vistió en un mítico partido. Tres improbables revolucionarios confabulan un acto superlativo de disidencia a través del martirio de un millonario. Un solitario trabajador de un call center se sumerge en la alucinante aventura selvática de una mujer imposible.