Publicado en Revista Paula, 15.08.2015
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Las fronteras entre países son un territorio en que las identidades confluyen. La mayoría de las veces, estos lugares suelen pertenecer a las periferias, pero el poeta Daniel Rojas Pachas (Lima, 1983) decidió instalar, en Arica (Chile), el epicentro de la publicación de 62 títulos, 4 de los cuales registran las ediciones del “festival transfronterizo” Tea party que ya ha reunido la obra de 7 autores ecuatorianos, entre los nombres de poetas de Latinoamérica.
En Arequipa, la ciudad peruana que también está cerca de la línea que Rojas ha eliminado a través de sus páginas (escribe, edita, es comunicador y da clases de literatura a universitarios), tomó un avión hacia Quito, acompañado de su esposa peruana, Milvia, y su hija de 8 años, quien también tiene un nombre colorido: Blue.
Catorce poetas, de Bolivia, Colombia y el país leyeron sus versos en la presentación de Cinosargo Ediciones que Daniel hizo, la noche del miércoles pasado.
Antes de ese evento, el promotor cultural conversó con este diario. Llevaba bajo el brazo la novela Random (Narrattiva Punto Aparte, 2014), con la cual ganó la Beca de creación literaria profesional del Fondo Nacional del libro y la lectura, en Chile. Sigue leyendo
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En 2009, Pablo Katchadjian publicó El Aleph engordado, que tuvo una tirada de apenas 200 ejemplares. Desde el título mismo y desde la “Posdata del 1º de noviembre de 2008” con la que el libro concluye, se explicitaba el procedimiento que Katchadjian empleó en su creación: sin ánimo de defraudar a nadie, se explicaba que el libro era una reescritura del conocidísimo y escolarizado cuento de Jorge Luis Borges, agregando 5600 palabras a las 4000 del cuento original. El resultado es una nouvelle con un clima, personajes y estilo que remiten al universo poético de Pablo Katchadjian y se integra al resto de sus obras, entre las que se encuentran novelas y libros de poemas que fueron traducidos para ser editados en los Estados Unidos, Francia, Bélgica, Israel y Chile. No hubo plagio, no hubo intención de engañar a nadie y tampoco, por la pequeña tirada, el autor obtuvo un beneficio económico. No hubo, como argumenta la querella, perjuicio para con la obra de Borges: la lectura de El Aleph engordado de Katchadjian es una invitación a la relectura de “El Aleph” de Borges e incluso invita a a releer toda su obra. María Kodama le inició en 2011 una querella penal a Pablo Katchadjian, que fue desestimada por los jueces de primera instancia y de la Cámara de Apelaciones; incluso fue desestimada por la fiscalía, que desistió de la acusación y no acompañó ninguna de las apelaciones de los abogados de Kodama. La fiscalía no acusa: entiende que no hay delito. Sigue leyendo
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La novela La muerte de Fidel podría ser definida como la simulación de un diario de vida. Los segmentos que componen las tres partes de la obra no están acompañados de encabezados que indiquen la fecha y el lugar de la escritura. Sin embargo, los lectores podríamos suponer que la narradora registra, ya sea diariamente o cada cierto lapso de tiempo no demasiado extenso, el proceso de agonía de su padre y, más tarde, su propia descomposición. Pese a estar travestida en un diario, este mismo proceso otorga a la novela un argumento o una trama, recurso que Juan Manuel Vial se dio el trabajo de exponer en la crítica periodística dirigida a la obra de Yuri Pérez.
Plantear la novela como una simulación de un género referencial como es el diario de vida nos permite derivar en una serie de observaciones, desde luego cuestionables y discutibles, que me gustaría compartir con ustedes.
En primer lugar, la simulación nos sitúa en un ejercicio verbal que podríamos vincular al barroco y, más específicamente, a lo que Severo Sarduy identificó como neobarroco. Es decir, el relato exacerba sus apariencias y disfraces, porque la novela, como género discursivo, carecería de una particularidad esencial que la defina e identifique. En este sentido, me parece iluminadora la afirmación de Úrsula Starke quien identifica la narrativa de Yuri Pérez en vinculación con la poesía, la prosa poética y el barroquismo.
La obra va presentando una serie de derivaciones polarizantes o de inversiones degradadas que podrían identificarse como contrastes al modo de un claroscuro tan propio del barroco. Por ejemplo, el padre ha sido, entre otras cosas, un chef, es decir, supuestamente ha ejercido un oficio cuya garantía reside en la sensibilidad del paladar y de la lengua, órgano que más tarde será destruido por el cáncer. A su vez, si el padre era un chef, la hija, por el contrario, degustará colas crudas de ratones y se someterá a una dieta absurda con un efecto atroz de adelgazamiento.
Sin embargo, la inversión o derivación polarizante más visible, a mi modo de ver, es el claroscuro que estable la oposición vida/muerte. Este supuesto diario de vida ha derivado más bien en su contrario: un diario de muerte, el registro diario, semanal, mensual o anual, da lo mismo, de la agonía y su consumación. No en vano, la escritura poética de la novela cita Diario de muerte del poeta Enrique Lihn. Esta cita no es cualquier cita. Se trata de una cita apócrifa: a modo de un epígrafe excesivamente largo y, por ende, poco convencional que antecede la segunda parte de la obra titulada “La Mistral chica”, el poema de Enrique Lihn titulado “No te desasosiegues” aparece transcrito en prosa, es decir, el copista no ha respetado los versos libres del poema original. El resultado es una prosa poética un tanto irónica: se alcanza la cima sublime de esta prosa poética a través de un ejercicio de copia falseada que altera el original. Creo que se trata, insisto, de una ironía dirigida a todos los lectores y lectoras que hemos hablado, en primera instancia, de una “prosa poética” en La muerte de Fidel. El poema de Lihn transcrito en prosa arroja ciertas luces que nos permiten profetizar el estado económico y el estado de salud de Agustina, la narradora. El poema de Lihn habla de poetas disminuidos, voces verdaderamente poéticas tal vez opacadas por otros poetas tales como Homero y el mismo Neruda. Comparado con los novelistas buenos y con los novelistas millonarios, el (verdadero) poeta es entonces figura de degradación, precariedad, enfermedad e inutilidad en un mundo cuya ley no es la de la poesía, sino la de los hommes des équipages tal como el mismo Lihn lo afirma, al modo de Baudelaire, en “Todavía aleteo”, otro poema de Diario de muerte muy en consonancia con “No te desasosiegues”. Sigue leyendo
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