“Gracias” de Pablo Katchadjian: La esclavitud atemporal

Por Joaquín Escobar. Publicado en ojoentinta.com

Slavery

Detalle del The American anti-slavery almanac (1836).

Hace un par de semanas Diego Zúñiga comentó en las redes sociales lo maravillado que estaba con la narrativa argentina actual. Un desembarco encabezado, entre otros, por Selva Almada, Federico Falco, Hernán Ronsino y Mauro Libertella. A este grupo de cracks, y con la diez en la espalda, le sumo a Pablo Katchadjian, quien con su novelaGraciaseditada en Chile por Narrativa Punto Aparte— está tirando caños y gambetas en la escena literaria actual.

Gracias es una novela que, al igual que la película “Pandillas de Nueva York” y la brillante Middlesex de Eugenides, comienza en un puerto. Allí arriban grupos de esclavos que son seleccionados y comprados por inescrupulosos oligarcas. Uno de ellos, de quien nunca sabremos su nombre, es vendido y sometido por su patrón a realizar degradantes y repugnantes trabajos.

Es tal el nivel de humillación que en la novela nunca son profundamente descritas sus labores: “Al principio iba muy lento, asqueado por el olor; dos o tres veces vomité y creo haberme desmayado una o dos veces. De a poco, sin embargo, me fui olvidando de lo que hacía y empecé a actuar mecánicamente”.

Apreciamos una descripción que apunta a lo corporal pero nunca a la ejecución misma del hecho. Walter Benjamin sostuvo que aquellos que vivieron la crueldad de la guerra volvían en silencio porque aquel trauma les había robado la experiencia. Tal teorización es endosable al esclavo. Las palabras no pueden narrar el horror de lo vivido, por ello mismo su sometimiento sólo es descrito superficialmente: ante ello los vocablos quedan estáticos. La cotidiana guerra unilateral a la que es sometido lo cosifica, deshumaniza y le hurta su experiencia. Nada le pertenece.

En este monótono y degradante contexto también conviven una niña salvaje que mora en el bosque, unas flores de colores con raíces alucinógenas y una joven sirvienta sometida por su patrón. Tal escenario es el propicio para que surjan ideas de organización que conllevan a una revolución. Lejos de una ideología que sustente los actos del esclavo, el propósito es una emancipación totalizante que revierta su cotidianeidad. El presidente Hugo Chávez sostuvo que todos los sujetos están determinados por las circunstancias político-históricas en las cuales se desenvuelven, nadie es un intruso en su tiempo social; por ende, su contexto conduce al esclavo al derribamiento de los cánones que comienzan con el asesinato del oligarca. Tal hecho provoca que el protagonista y sus pares emprendan una huida hacia el próximo castillo para liberar a otros sometidos. Al comienzo lo realizan en un auto (en una escena que hace recordar un pasaje de El congreso de literatura de César Aira), sin embargo, ante la avería de éste continúan caminando acechados por columnas de humo cargadas de gusanos y fetidez.portada gracias-katchadjian 2 (1)

Sería injusto decir que Gracias es sólo una novela de aventuras; tal afirmación sólo limita a un texto que es inclasificable, porque dentro de él además convive lo onírico, lo alucinógeno y la política no convencional. Katchadjian presenta un relato atemporal e impreciso porque nunca sabemos dónde ni cuándo transcurre. La narración pudo haberse desarrollado hace doscientos años o en la actualidad, y aquel gesto no es casual. La esclavitud ha mutado pero no ha sido abolida, hay un proceso de transformación en la dialéctica amo-esclavo. Evidentemente en sociedades posmodernas no hallamos lo burdo de las primeras manifestaciones de la esclavitud, sino una explotación maquillada por las sociedades de consumo: ¿O no son acaso las empresas de trabajo temporal una evolución (involución) de los antiguos sometimientos?

Una novela dinámica, entretenida e impredecible que siempre dobla hacia el lado contrario del cual creemos. Katchadjian, con una imaginación gigante, desembarca en nuestro puerto literario repartiendo más de una gambeta.

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Archivado bajo "Gracias", Crítica, Pablo Katchadjian

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