De Kalb, Quillota y Punta Arenas: apuntes del escritor de ninguna parte

El chileno Gonzalo Baeza, avecindado en Estados Unidos, optó por lanzar bajo un sello porteño su libro de cuentos sobre inmigrantes y vida a medio hornear. Acá, él mismo describe su proceso creativo.

Por Gonzalo Baeza, publicado en El Mercurio de Valparaíso

Gonzalo Baeza_EMVEl día que me casé, subí a un bus Greyhound en la ciudad de DeKalb, Illinois, rumbo al consulado chileno en Chicago. No vi a mi entonces polola y actual esposa hasta un mes después, cuando se mudó a Estados Unidos a vivir conmigo. Decidimos casarnos por poder notarial durante una conversación telefónica. Hablé con ella en uno de esos teléfonos públicos soldados a un poste que probablemente ya no existan ni en DeKalb.

El bus partía del estacionamiento de un restaurante griego llamado Lukulo’s y mientras esperaba a que llegara, conversé con el dueño y un amigo suyo que desayunaba. El dueño me preguntó si en Chile hablábamos portugués. Su amigo era un mexicano que acababa de jubilar de su trabajo en la planta nuclear de Byron, un pueblo de 3 mil personas al noroeste de DeKalb.

En el bus me fui sentado con un tipo que se hacía llamar “Art”. Debe haber tenido unos cuarenta años, pero se veía más viejo. Llevaba varios días viajando en bus, no se había afeitado, y seguro tampoco cambiado de ropa. Me contó que viajaba a Wisconsin a vivir con su hermana. Lo acababan de despedir de su empleo en una fábrica por no presentarse a trabajar en una semana. Según él, su novia alcohólica había chocado su auto y, como vivía tan lejos de su trabajo, no tenía otra forma de llegar a la fábrica que manejando.

TRÁMITE INFERNALES

En el consulado chileno me trataron pésimo. Una mujer detrás de una ventanilla miró el documento que presenté y me dijo “¿Y tú crees que te vas a poder casar con esto?”. Me sugirió hacer unos cambios y mandarle el papel por correo electrónico. Le pregunté si podía usar su computador y me dijo que no, así que salí a buscar un cibercafé. En esa época no existían los iPhones ni tablets, pero sí las tiendas Apple y fue en una de ellas que edité el poder para que lo aprobara un notario y pudiera casarme.

Lo anterior pasó hace 10 años. Ya no vivo en DeKalb, pero hace unos meses, leí que la policía de ciudad descubrió un laboratorio para fabricar metanfetamina en el hotel en que me hospedé al llegar a EE. UU. Un par de días después, hubo un tiroteo en el estacionamiento del mismo hotel. Dos grupos de jóvenes, casi todos menores de 20, se enfrentaron a golpes y balas a raíz de una transacción por marihuana. Sigue leyendo

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Narrativa de inmigración

Por Homero Bañados, publicado en El Policlínico de los libros, La Estrella de Valparaíso

policlinico de los libros¿Por qué no aparecen cuentos de algún inmigrante en Chile? Me hago la pregunta después de leer los cuentos de “Así es como la pierdes” de Junot Díaz (editorial Mondadori) y de “La ciudad de los hoteles vacíos” de Gonzalo Baeza, recientemente publicado por la editorial porteña Narrativa Punto Aparte. Ambos libros coinciden en relatar la experiencia de latinos en Estados Unidos (EE.UU). La forma de contar es la que hace la diferencia.
A Junot Díaz (dominicano, 1968, radicado en Estados Unidos) lo conocemos por la “La maravillosa vida breve de Óscar Wao”, libro que le abrió puertas en Estados Unidos y que expone el bullying de un nerd dominicano. Junot Díaz mantiene la copiosa y original jerga dominicana en “Así es como la pierdes”. Son cuentos sobre las relaciones amorosas entre inmigrantes. En una atmósfera de erotismo soft, el narrador muta entre hombre y mujer para contar historias donde el cuerpo y en general el sexo son entradas que el inmigrante dominicano tiene para posicionarse en EE.UU. Entonces la belleza exótica es una manera de sobresalir dentro de la comunidad y el sexo una especie de narcótico para olvidar la carencia de oportunidades, en un país donde el estatus social lo marca la raza. En estos cuentos podemos encontrar cosas como la especie de fábula de una chica que al imbuirse en la droga pierde su belleza. En los textos hay cierta moralina que molesta y un machismo vigoroso que podría consumirlos al olvido. Una lectura más generosa con este libro es que exhibe la realidad de una comunidad de inmigrantes que busca sobrevivir. Me quedo con esta última idea.
En la escritura de Gonzalo Baeza (chileno, 1974, radicado en Estados Unidos) no hay espanglish, inglespañol, espanglé como en la de Junot Díaz. Los personajes de Baeza no andan preocupados de follar para sobrevivir, sino que se ganan la vida de distintas maneras –algunas ilícitas- en pueblos pequeños. Baeza deambula por pueblos parecidos a los de la película “Nebraska”, de Alexander Payne. Son pueblos chatos y perdidos que exhiben el rostro agreste del país del norte. Hay melancolía en las descripciones de Baeza; también podemos hallar la tensionada relación entre latinos y gringos. En cuanto a forma, los relatos de Baeza más bien parecen tener más similitud con textos de escritores gringos, como John Cheever y en especial Richard Ford, que con otros especímenes latinos.
Ambos libros incentivan a reflexionar sobre nuestro país mirado con ojos extranjeros. Faltan: un peruano que escriba su experiencia de Santiago o un colombiano que lo haga sobre el norte de Chile, especialmente de Antofagasta. Faltan escritores inmigrantes en el país. Seguro que cuando uno se anime nos veremos de otra manera.

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La línea entre Homero y Joyce: «Random», de Daniel Rojas Pachas

Por Víctor Quezada. Publicado en La Calle Passy 061

Random (Valparaíso, Narrativa Punto Aparte, 2014) es el libro más reciente de Daniel Rojas Pachas, escritor nacido en Lima pero que reside desde su juventud en Arica, la puerta norte de Chile. El siguiente texto indaga en la idea de la línea recta que concebimos cuando pensamos la tradición literaria y la articulación temporal de las novelas.

portada randoms-rojas pachas2…este viejo buena onda me dijo en un taller apócrifo, sin fundaciones ni grandes edificios, en una población en que le hicimos clase a unas señoras: “Cuando joven todos los poetas de mi generación querían bajo cualquier vía conseguir y tener en sus manos una copia del Ulises de Joyce, era un fetiche, y Armando Uribe propiciaba esa fijación al hablarnos sin tregua del irlandés. Caminando un día por el centro y al pasar por una librería, le dije a Teillier… […] Bueno, Jorge que era muy atento, escuchó esto que era importante para mí y en realidad para todos, tener y leer ese libro capital que era el Ulises y del cual solo teníamos buenas referencias. Ese texto nos haría mejores observadores, relatores, poetas. Campechano, Jorge no respondió de inmediato, siguió mi diatriba y de pronto de golpe, sin vacilar, impactó diciendo: Gran cosa. Homero no leyó a ese tal Joyce (84).

Esta cita me parece interesante. No solo por esa especie de avidez incontenible que obliga al amateur a querer conocer cada uno de los eventos, por nimios que estos sean, que formaron parte de la existencia del ídolo que admiramos, sino que también porque (y a todos nos debería parecer obvio) Homero no leyó a ese tal Joyce. O podríamos decir con mayor exactitud: Homero, para escribir la Odisea, no leyó elUlises, sin embargo, Joyce, para escribir el Ulises, necesariamente tuvo que haber leído a Homero. Ahora bien, ¿podríamos pensar que Homero sí leyó el Ulises? ¿Qué pasaría si aceptamos que el Ulises de Joyce fue influencia directa en la escritura de la Odisea? Si la tradición literaria occidental la entendemos como una línea sucesiva de hitos en la cual Homero se sitúa como el primer hito de importancia y Joyce como uno de los últimos, ¿en qué quedaría convertida esa línea recta sin accidentes que es la tradición literaria occidental? Por supuesto esa línea dejaría de ser una línea recta orientada al futuro para adquirir otras figuras más intrincadas en las que el tiempo, por ejemplo, perdería su carácter imperativo. Si Homero leyó elUlises, esa línea temporal se volvería puro espacio, una superficie plana y expansiva sin mayor concierto que su expansión desbordada, en la que el Ulises y la Odiseaconvivirían uno al lado del otro, en un mismo nivel, aplanado el tiempo. Y si todos los libros comparten lugar, entonces, toda la cultura se vuelve citable porque su manera de relacionarse es por la contigüidad en el espacio; relación por la cual los libros podrían a la vez definirse y dispersarse.
Este ejercicio que hemos hecho parece ser de ciencia ficción, pero es más real de lo que creemos. Nuestra cultura contemporánea pareciera moverse en esos sentidos, no ya hacia adelante (un libro a la vez, un disco a la vez), sucesivamente, sino hacia todos lados al mismo tiempo, una vez que el pasado y la historia se nos han ofrecido en su apertura fatal que juega a hacer enteramente disponibles sus elementos para el presente (Sergio Rojas). Quizás esta apertura de la tradición y la historia como espacio no sea ya más que un cliché o, de manera ilusoria, no sea pensable y decible sino a través de incontables clichés, como ese cliché de la falta de originalidad tan dado al escepticismo contemporáneo:

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Entrevista al escritor Gonzalo Baeza: “Un escritor siempre es extranjero en la medida que, como dice John Gardner, su labor requiere de un grado de abstracción del mundo para poder observarlo”

Por Ainara Mantellini. Publicado en revista cultural Suburbano, Miami.

photo(1)El escritor ¿chileno? ¿norteamericano? Gonzalo Baeza nació en los Estados Unidos. Aunque ahora reside en Virginia, ha vivido la mayor parte de su vida en Chile.

Gentilmente nos hizo llegar a Sub-Urbano una copia de su recopilación de cuentos La ciudad de los hoteles vacíos. Es el propio autor quien nos presenta su publicación como un conjunto de cuentos, como si lo que vamos a leer se trata de una antología de relatos breves independientes.  Sin embargo, nos encontramos con un entramado de relatos en su mayoría protagonizados por el mismo personaje (un inmigrante chileno) en diferentes momentos de su estancia en los Estados Unidos. Hasta los relatos que no cuentan la historia del inmigrante tienen de alguna manera un tema en común, ya sea la percepción que tiene el americano acerca de los que emigran a su país o bien, las andanzas no siempre tan ejemplares de los que cruzan la frontera.

Pero este conjunto de relatos es mucho más que solo un grupo de anécdotas vividas por un inmigrante. Son un espejo roto de una complejidad social más profunda: la que se vive fuera de los centros cosmopolitas y que permite una dinámica de culturas que es cualquier cosa menos simbiótica.

Esta es la entrevista que nos concedió Gonzalo Baeza con motivo de La ciudad de los hoteles vacíos.

SU: Gonzalo, en Sub-Urbano hemos estado investigando mucho acerca de lo que conforma a un escritor extranjero en los Estados Unidos. Usted, ¿se siente un escritor extranjero? De ser así, ¿qué lo determina? ¿Escribir en idioma español dentro de los Estados Unidos? ¿Escribir sobre ciertos temas, como por ejemplo, el de las vivencias de los inmigrantes en este país?

GB: Un escritor siempre es extranjero en la medida que, como dice John Gardner, su labor requiere de un grado de abstracción del mundo para poder observarlo. En mi caso, está además el dato objetivo que escribo en una lengua que aún es considerada extranjera en un país donde el idioma predominante es el inglés. Es posible que con esa doble condición de extranjero (porque, para complicar más las cosas, también estás ausente en tu país de origen) muchas de las referencias en tus textos estén lanzadas al viento y corran el riesgo de no ser comprendidas. Sin embargo, ahí estriba lo interesante de la situación del escritor que supuestamente vive entre dos mundos: hacerse un espacio con una obra que si bien dialoga con su entorno no cede en su idiosincrasia.

Creo que hay una camada de escritores hispanos en EE.UU. que comprende que tiene libertad absoluta para escribir y otra que aún pretende emular lo que hizo la “vieja guardia” de autores latinos en el país, quienes abordaron la realidad del inmigrante porque fue lo primero con que se toparon al llegar acá y les era ineludible. El problema de estos emuladores es que parecen felices de que los identifiquen como “autores latinos” y punto. Si bien no tiene nada de malo identificarse como tal, sí creo que identificarse exclusivamente como autor latino en EE.UU. es querer entrar a la literatura por la puerta de servicio. Es como estacionar el auto en el espacio para discapacitados y fingir que cojeas apenas abres la puerta. Aceptar la etiqueta de “escritor hispano” sin siquiera cuestionarla es negarse posibilidades expresivas. Como decía George Carlin, el “soft rock” ni es música, ni es rock. Es solamente “soft”. Eso es lo que gran parte del entorno literario parece esperar de estos escritores y muchos de ellos están felices de interpretar ese rol. Sigue leyendo

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Narrativa Punto Aparte presenta libro de cuentos sobre latinos en Estados Unidos

El escritor chileno Gonzalo Baeza, quien reside en West Virginia, llega al país para lanzar “La ciudad de los hoteles vacíos”.

portada hoteles vacios 1Peleas ilegales de perros, hombres que roban cables desde las ruinas dejadas por un huracán, balnearios desolados fuera de temporada, dudosos torneos de box, son parte de la atmósfera que recrea Gonzalo Baeza en su libro “La ciudad de los hoteles vacíos”, que este mes será publicado por editorial Narrativa Punto Aparte. El lanzamiento se realizará el próximo jueves 21 de agosto, a las 20.00 horas, en librería Qué Leo Ñuñoa, y contará con la participación del escritor Francisco Ortega.

Publicado inicialmente en España y en proceso de traducción al inglés, “La ciudad de los hoteles vacíos” es un conjunto de relatos que aborda la vida de inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos, lejos de cualquier estereotipo o sentimentalismo. En los cuentos de Gonzalo Baeza no hay realismo mágico ni figuras icónicas, sino extranjeros anónimos que han ingresado en el tejido más profundo de una Norteamérica donde los sueños se han desgastado y sólo queda sobrevivir. Sigue leyendo

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