Pablo Katchadjian: “Leer todo el tiempo es casi posible. Escribir todo el tiempo no, ni siquiera mentalmente”

 Por JCRF. Publicado en www.luchalibro.com

 

 Elogiado por César Aira y Beatriz Sarlo (y demandado por María Kodama) el autor debuta en Chile con la elogiada novela “Gracias”. Sobre su pelea judicial con la famosa viuda (quien no leyó el libro), reconoce: “Mi psicoanalista me convenció de que no se puede saber qué hay en la cabeza de otra persona”. De hecho, aunque la historia es apasionante, más la novela, una apuesta de la editorial de Valparaísom, Narrativa Punto Aparte.

 

Una de las últimas “polémicas” mediáticas de la literatura argentina sucedió a fines de 2011 e involucró a 1) Borges, 2) María Kodama, 3) el derecho de autor y 4) a un joven escritor llamado Pablo Katchadjian.

¿Su pecado? Rehacer El Aleph, con el añadido “Engordado” y 5.000 palabras extra entre adjetivos, comas o verbos, publicándolo en marzo de 2009 con una tirada de 200 ejemplares en su propia editorial, Imprenta Argentina de Poesía (IAP).

pkPero no contaba con la astucia de la viuda del escritor -fallecido en 1986-, quien se enteró y lo demandó por carta.

Nada de reunirse con él.

O leer el libro y entender la interesante idea de mantener un texto canónico pero cruzarlo con otro totalmente nuevo.

Muy parecido a lo que le hizo a Agustín Fernández Mallo -poeta y cabecilla de la “Generación Nocilla” que renovó la literatura española la última década- y su libro “El hacedor (de Borges)”, donde “remixaba” el clásico texto de Borges y tuvo que ser retirado de librerías hispanas.

Pero no, no nos vamos a detener en eso. Ya se escribió bastante pero -si me permiten la reflexión personal- es un punto de partida, para introducirnos en un autor que es muchísimo más que esta historia. Pero también, seamos sinceros: no todos están pendientes de Aira, Sarlo o las novedades de los suplementos culturales argentinos. En fin.

De hecho, el 2007 había practicado un experimento similar de deconstrucción de clásicos: El Martín Fierro ordenado alfabéticamente. Era, precisamente, lo que su nombre indica.

En una entrevista señaló que la experiencia fue “terapéutica”, aunque ahora corrige: “Lo dije una vez, hace años, y quedó ahí flotando. Pero sí. Fue terapéutico el reordenamiento como puede ser terapéutico un ritual que uno se inventa en cierto momento”.

Para él “todos los libros son rituales. O pueden ser rituales, tanto en la escritura como en la lectura. Y no todos los libros, en verdad. El ‘Martín Fierro’ siempre me gustó, sobre todo la Ida, que es la que ordené, aunque la parte de los indios en la Vuelta es una de mis preferidas”.

La forma de escribir de Katchadjian se sumerge de inmediato en la aventura. No sólo por el argumento, sino que también por el lenguaje.

En “Gracias” es la epopeya -y las culpas- de un esclavo fugado. En “Qué hacer” (2010) son dos académicos en un ambiente enrarecido. A medida que se lee, no sólo uno se envuelve en un relato surrealista y delirante, sino que también va degustando cada palabra elegida.

“Las historias no tienen nada que ver entre sí, es cierto. Aunque algunos vieron una relación con el asunto de las islas: en «Gracias» los personajes están en una isla y en «Qué hacer» hablan todo el tiempo de una isla a la que quieren llegar donde «está todo»”.

Dice que más bien son hermanas por oposición. Después de escribir esta última -“cuya trama se desenvuelve como si fuera una espiral estirada”- le dieron ganas de probar una trama completamente lineal.

El autor acaba de publicar en Argentina “La libertad total” , obra que mezcla en una juguera el tejido social, las verdades y las mentiras para ver qué pasa.

Su método es “escribir todo el tiempo… al menos mentalmente” y también “leer todo el tiempo”, aunque sea casi imposible. “Trato de tener todos los días algunas horas corridas en las que si no escribo no hago otra cosa: miro la pared, miro el piso, el techo. Lo ideal es que la computadora no tenga internet”.

 

I: “GRACIAS”, EL LENGUAJE Y LOS CONVENCIONALISMOS

 

portada gracias-katchadjian 2 (1)LUCHALIBRO: Al leerte, siento que inmediatamente me sumerjo en una aventura, invitado por el lenguaje. Algo que no me pasa muy seguido en novelas convencionales. ¿Hubo algún momento, algún disparador, alguna lectura que te haya motivado a sumergirte en un proyecto literario como el tuyo repleto de experimentación y juego?

PABLO KATCHADJIAN: Bueno, gracias. Los disparadores deben ser muchos. Creo que detrás de “Gracias” están Kleist y Voltaire, específicamente Michael Kohlhaas y Cándido. Por lo demás, casi toda la literatura del siglo XX que todavía se sigue leyendo con interés se dedicó al juego y la experimentación: Joyce, Beckett, Kafka, Borges, etc. Así que el disparador podría andar por ahí también.

LL: ¿Suscribes la tesis de Literatura de izquierda de Tabarovsky que la narrativa argentina está presa del mercado y el lenguaje/estructura convencional?

PK: No creo que sea un mal argentino en particular. Ni tampoco de la literatura especialmente.

LL: ¿Cómo surgió “Gracias”? Muchas reseñas la ven como una especie de hermana de “Qué hacer”. Aunque en rigor, me parece que las une más la opción “experimental” (en el sentido de jugar con las posibilidades de la narración) que la historia en sí…

PK: Las historias no tienen nada que ver entre sí, es cierto. Aunque algunos vieron una relación con el asunto de las islas: en “Gracias” los personajes están en una isla y en “Qué hacer” hablan todo el tiempo de una isla a la que quieren llegar donde “está todo”. Por lo demás, son hermanas por oposición: después de escribir “Qué hacer”, cuya trama se desenvuelve como si fuera un espiral estirado, me dieron ganas de escribir una trama totalmente lineal. Pero la verdad es que tampoco pienso en términos de trama ni de estructura. Digamos que quería hacer algo que simplemente avanzara y se fuera desarrollando, y eso es “Gracias”. A la vez, las dos novelas coinciden un poco en que los personajes están todo el tiempo en una situación que no pueden controlar ni entender, pero igual piensan y avanzan, hacen cosas.

LL: Para mí, “Gracias” te arrastra y sumerge en un ambiente enrarecido -ya la idea de isla es una invitación- que hace muy bien, porque te quita ciertos convencionalismos a la hora de leer una historia.

PK: Sin embargo, es una historia bastante convencional, aunque enrarecida. O quizá es lo contrario, una historia rara convencionalizada. O ninguna de las dos: se debe mover en medio de esa tensión.

LL: Pero también, me parece, es una novela sobre el tránsito -y los costos- de caminar hacia la libertad. ¿Estás de acuerdo?

PK: Totalmente, aunque eso sería poner todo el peso en una lectura alegórica. No me parece mal, pero también “Gracias” es una novela sobre un esclavo que llega a una isla, se libera, etc.

LL: ¿De qué forma influye tu interés por la música en tu forma de escribir?

PK: No estoy seguro, pero sé que influye. Tengo la impresión de que mi forma de acercarme a la literatura es la de alguien que quería ser músico, que estaba estudiando música, y, de alguna manera, terminó escribiendo. Es mi caso. Algunos músicos me influyen, por ejemplo Marc Ribot o Misha Mengelberg, por su forma de tocar. Me resulta más clara la idea de estilo en música que en literatura, donde me suena vieja. En los músicos se puede ver que el estilo no es una cosa que se le hace a una nota sino una actitud general. De todas maneras, hay cosas de la música que sí identifico: me gusta que los referentes sean confusos y ambiguos; escribo pensando en el ritmo y en el sonido; me gusta improvisar, repetir y variar. Algo aparece por segunda vez y es diferente, por tercera vez y es diferente, en la cuarta varía y se combina con otro motivo, etc.

 

II: EL INEVITABLE BORGES

 

pablo16bynLL: Es inevitable preguntarte por el caso “El Aleph engordado”. ¿Qué conclusiones sacaste luego de todo este debate?

PK: Es inevitable y, justamente por eso, lo voy a evitar, porque de tan inevitable se volvió muy pesado. No hubo debate en realidad. Creo que el libro está bien, logré releerlo hace unos días, ahora que se está desinflando un poco.

LL: Alguien me decía que el tema de las “viudas” es un gran subgénero por explorar, a mí parecer Kodama no entendió la intervención, sólo vio que el apellido de su pareja fue “profanado”.

PK: Mi psicoanalista me convenció de que no se puede saber qué hay en la cabeza de otra persona.

LL: Sé también que “Martín Fierro” fue para ti una lectura terapéutica. ¿Qué rescatas de este clásico, al punto de remixarlo en un libro? (Quizá el término no es preciso sino más bien “reordenarlo”).

PK: Eso de lo terapéutico lo dije una vez, hace años, y quedó ahí flotando. Pero sí. Fue terapéutico el reordenamiento como puede ser terapéutico un ritual que uno se inventa en cierto momento. Pero todos los libros son rituales. O pueden ser rituales, tanto en la escritura como en la lectura. Y no todos los libros, en verdad. El Martín Fierro siempre me gustó, sobre todo la Ida, que es la que ordené, aunque la parte de los indios en la Vuelta es una de mis preferidas.

 

III DISCIPLINAS

 

LL: ¿Tienes alguna disciplina para escribir? Tal vez escribir a ciertas horas, con alguna música de fondo, encerrarse en cafés a tomar apuntes y luego pasarlos al computador?

PK: Escribir todo el tiempo, en lo posible, al menos mentalmente. Y leer todo el tiempo. Leer todo el tiempo es casi posible. Escribir todo el tiempo no, ni siquiera mentalmente. Trato de tener todos los días algunas horas corridas en las que si no escribo no hago otra cosa: miro la pared, miro el piso, el techo. Lo ideal es que la computadora no tenga internet.

LL: ¿Qué te parece ser publicado en Chile por una editorial independiente y comenzar a explorar nuevos públicos?

PK: Me alegra, claro. Y me interesa. Hay sutilezas, como el humor o la resonancia de algunas palabras, que se perciben con precisión cerca de uno pero varían más lejos. De todos modos, por la experiencia que tengo hasta ahora, la comprensión de ciertas cosas no parece ser una cuestión geográfica.

LL: ¿En qué proyectos estás actualmente? Sé que tienes una editorial de poesía y a la vez estás publicando constantemente.

PK: La editorial duerme desde hace unos años. No publico tanto, quizá un libro por año, más o menos. Tengo una novela que tengo que corregir, pero estoy esperando, porque para corregir hay que estar muy equilibrado por varios días seguidos. [LL]

 

“Gracias”: Una apuesta editorial porteña

 

El título de la novela puede leerse de varias maneras -irónica, como “agradecimiento” o en alusión a la divinidad-, pero todo queda más claro al finalizarla: ésta es una historia sobre las culpas que arrastra la libertad.

La historia acontece en una isla, donde un esclavo asume una rutina de trabajo en un castillo, que se va volviendo más pesada y culposa.

En un ambiente enrarecido -pero fascinante- comienzan a desfilar personajes extremos que ven en este esclavo el líder de una rebelión. Pero el precio de esa libertad, puede ser muy alto.

Editada por la prolífica editorial porteña Narrativa Punto Aparte , esta novela de 106 páginas marca el debut en Chile de uno de los escritores trasandinos más importantes de los últimos años.

La editora Marcela Küpfer dice que lo primero que supo de él fue por todo este lío con “El Aleph” engordado que luego la llevó a su trabajo como editor independiente, las innumerables reseñas positivas de su obra y novelas como ésta.

Así, en la pasada Feria de Guadalajara, en el Salón de Derechos se contactó con la editorial independiente Blatt & Ríos que publicó esta novela y acordaron el intercambio.

“Es una propuesta interesante, novedosa y original. Y como no estaba publicada en Chile, tomamos la decisión. Es una apuesta por traer a un escritor que aún no es del todo conocido y donde el mercado es difícil. Pero estamos seguros de que tendrá un publico lector”.

Küpfer dice que es un libro que no sólo tiene una muy buena crítica, sino que también tiene “alto valor literario y eso le abrirá un espacio en Chile que permita en el futuro ir trayendo sus otros títulos”.

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Archivado bajo "Gracias", Entrevistas, Pablo Katchadjian

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