(Al servicio de “Variaciones sobre la vida de Norman Bates”)
Por J.I. Corces
Todo esto comenzó con una novela. Diferente a ésta, a este cuento. La otra partía en Phoenix, Arizona, y el cuento parece suspendido en el vacío porteño.
Tienen en común un nombre, Norman Bates, y la aparente similitud en edad, alrededor de los 30 años. Robert Bloch escribió el primero y C. Faúndez el segundo. Los vasos comunicantes no dejan de alejar uno del otro… pero vamos a tomar el de Faúndez y sumergirlo unos 700 metros hasta que se ahoge o reviva de una vez por todas…
Alfredo… José… Roberto… Alguien los llamó así cuando eran niños e iban al museo de historia natural. El último escribió luego una novela y cincuenta años después otro niño ya crecido -Claudio- caminaba por las calles de Playa Ancha a punto de culminar el reencuentro. El 2005 cantaba con los Madrefoca (“Él es un gran compositor de canciones, me lo ha dicho”, pág. 155) y cambiaba de días de poesía en las catacumbas de La Piedra Feliz.