Por Camila Ortiz. Publicado en letras.s5.com
—Tu reciente novela Random en su primer fragmento señala: “Hacer de cada puerta atravesada un mal recuerdo y buscar sentido a la derrota creyendo que la vida puede ser tan sencilla como un videojuego…”. La mayoría de críticas positivas que ha tenido el texto se centran en los tracks, en la literatura del mal y el reflejo del mundillo literario y el oficio del escritor frente al fracaso, ¿por qué crees se ha pasado por alto el tema de los videojuegos que es transversal al texto, especialmente los juegos de rol? Y en la misma medida, ¿cuán importante es para tu narrativa el videogame?
—Bueno, creo que cada crítico se aproxima a la obra desde los recursos que tiene o como uno mismo lo hace al leer, desde las preferencias y fijaciones que hemos ido adquiriendo producto de nuestra educación sentimental, en mi caso los videojuegos así como los comics y las figuras son parte esencial de mi biblioteca y discurso. Muchos considerarán eso una aberración, porque alta cultura, los libros, no pueden mezclarse con elementos tan mundanos y superficiales como un juego de nes o playstation, creo que hasta hace unas décadas lo mismo podría decirse de las películas. Negar la evolución de ciertas artes e industrias es ser reduccionista, claro también hay un tema generacional, o sea desde que nací hubo una consola en mi casa, desde la Commodore pasando por Atari, Nes, N64 hasta una Xbox hoy, del mismo modo siempre hubo toneladas de comics que mi hermano compraba y sigue comprando, discos compactos con mucha música, hoy transformados en una pila de memorias externas llenas de discografías y videos. Mis hermanos mayores incluso tuvieron en un momento un videoclub de VHS cuando eran adolescentes y yo tenía nueve, por tanto no se trata de ser alienado sino de hacerte cargo de lo que te tocó vivir y he hecho eso en mi obra siempre, incluso cuando tradujeron Carne al inglés el traductor me decía que sus colegas norteamericanos se sorprendían de las oscuras referencias a la cultura pop gringa, bueno, es algo que está en mi ADN y que se mezcla con mi mirada continental e incluso mi compromiso de vivir Sigue leyendo



